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17 mayo 12

2011, el año en el que todo el mundo se “indignó”

29 diciembre 2011

A lo largo y ancho del mundo, un mismo sentimiento ante las injusticias -que la crisis exhibió en toda su crudeza- unió a cientos de miles de “indignados” que se volcaron a las calles para reclamar “una democracia real”.

Lo resumió la revista estadounidense Time a la hora de elegir al “manifestante” como el personaje del año. “Las protestas han ocurrido en países cuya población suma en total 3.000 millones de personas y las protestas mundiales han aparecido en periódicos y medios online exponencialmente más en este año que en ningún otro momento de la historia”.

Son otros tiempos, desde ya. Hoy las tecnologías de la comunicación permiten una circulación casi instantánea de la información y el efecto contagio actúa con mayor eficacia que en tiempos de la televisión analógica, los diarios impresos y las cartas en papel.

La Plaza del Sol, de Madrid, fue el punto de partida. Las elecciones autonómicas y municipales del 15 de mayo convocaron de manera improvisada a miles de manifestantes que reclamaron por una democracia real. Lo explicaron también los indignados españoles en su página web: “En estos años, la ciudadanía ha pasado del hastío al hartazgo y del hartazgo a la indignación. Europa para los ciudadanos y no para los mercados: no somos mercancía en manos de políticos y banqueros”.

Son consignas muy generales y a las cuales puede adherir un amplio espectro social y generacional. Convertirlas en un programa de acción que evite la desmovilización, dispersión y desmoralización que suelen suceder en este tipo de movimientos al estallido de indignación, es otra historia. Y nada sencilla.

Desde Madrid, el movimiento se extendió hacia otras ciudades españolas. Barcelona, al igual que Madrid, congregó una de las acampadas más multitudinarias que se recordaran desde el regreso de la democracia en 1975. La policía reprimió y el movimiento de los indignados pasó a tener aún mayor peso para los medios de comunicación. Las manifestaciones se convirtieron en ampamentos y los indignados en un escollo muy incómodo para las clases políticas, sobre todo para lo que se decidía entre el bipartidismo del PP y del PSOE.

Sociedades de otros países se sintieron identificadas con el movimiento de indignados y se decidieron por la misma forma de protesta: ocupar lugares públicos en forma masiva de manera pacífica. Grecia, Francia, Alemania, Italia e Israel fueron escenario de acampes y marchas para pedir por un mundo que no estuviera a merced de los poderes financieros.

España, Grecia, Francia, Italia, Alemania e Israel. A través de una serie de reportajes en video, testimonios, fotografías y sonido, este programa interactivo descifra seis diferentes maneras de rebelarse contra el orden establecido. Desde la Puerta del Sol en Madrid, la cuna del movimiento de “los indignados” en España, a “morir Wutbürger” (“ciudadanos enfurecidos”) en Alemania, “que violó popolo” (“Purple People”) en Italia, “aganaktismeni” y “plirono den” (“no se paga más”) en Grecia, y, finalmente, las “tiendas revolución” en Tel Aviv y Jerusalén. “Indignados” muestra un rostro distinto según en qué nación hayan surgido, pero todos tienen un objetivo común: resistir a un sistema económico injusto.

“Unidos por un cambio global” fue el lema bajo el cual los “indignados” invitaron “al 99 % de la población que no se dedica a la política ni a las altas finanzas a salir” a manifestarse en todo el mundo el pasado 15 de octubre “para hacer escuchar su voz al 1 % restante”. Convocaron a casi 1000 manifestaciones en 90 ciudades de todo el mundo.

El movimiento dio el salto y se instaló en Estados Unidos, cuando en Europa las acampadas habían dado paso a asambleas más o menos eficientes que buscaban alternativas reales para salir adelante. Estados Unidos, en cambio, experimentaba por primera vez estos acampes en las ciudades de Nueva York y Los Ángeles.

Se calcula que desde que surgiera el movimiento, más de 4.500 personas fueron detenidas. El diario The Washington Post publicó el 23 de noviembre que el Gobierno había invertido unos 13 millones de dólares para intervenir contra el movimiento. Nueva York, Oakland y San Francisco son tres de las ciudades que más ingresos recibieron con ese fin.

Internet es hoy el punto de encuentro de los indignados. Allí hacen campaña permanente con las demandas locales que han logrado consensuar en sus reuniones y en algunos lugares, como Madrid, han llevado otras políticas locales, como la de luchar contra los desalojos.

Indignez-vous! (¡Indignaos!), es el título y el reclamo de un libro de Stéphane Hessel, resistente francés a la ocupación nazi y miembro del equipo que redactó la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Ésa fue la proclama que adoptaron los indignados como estímulo, y que se cree fue parte del origen del movimiento. Hoy Hessel y otras muchas personalidades como el director de cine Michael Moore o la actriz Susan Sarandon apoyan un movimiento muy heterogéneo, muy distinto según en qué lugar se encuentre, pero que comparte un denominador común: la necesidad de cambiar un sistema, dicen, que ya no los representa más.

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