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25 abril 17

El presidente de Colombia recibió el Nobel de la Paz 2016

07 octubre 2016

Juan Manuel Santos fue distinguido, según anunció el Comité Nobel de Noruega, debido a su rol central en el proceso que su país llevó adelante con la guerrilla de las FARC y sus “grandes esfuerzos decididos en poner fin a la guerra civil que lleva más de 50 años”. Pormenores.

El Premio Nobel de la Paz 2016 ha recaído en Juan Manuel Santos, el presidente de Colombia. El galardón se ha fallado este viernes en Oslo y ha premiado el esfuerzo del mandatario para alcanzar la paz en el país latinoamericano con su acuerdo con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC).

El jurado ha decidido otorgarle el galardón pese a que la ciudadanía no respaldó su acuerdo en el referéndum que se celebró el domingo pasado.

Se había hablado de un premio conjunto para el presidente y Rodrigo Londoño, alias Timochenko. Eran los grandes favoritos en pronósticos y casas de apuestas hasta hace unos días, pero el triunfo del no a los acuerdos de paz en el plebiscito hizo que sus opciones se redujeran y al final ha habido sorpresa.

El Gobierno colombiano y la guerrilla consiguieron en agosto lo que parecía inalcanzable, poner fin por la vía negociada a más de medio siglo de conflicto armado, un sueño que fue esquivo para el país durante las últimas décadas.

Fueron 45 meses y cinco días de intensas discusiones de los delegados del Gobierno y las FARC en La Habana para forjar el “Acuerdo general para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera en Colombia”, que con sus seis puntos y 297 páginas debía ser la hoja de ruta para un nuevo país. Tras el batacazo en las urnas, el presidente decidió dialogar con los demás partidos y las FARC se comprometieron a seguir usando la palabra y no las armas. Por ahora, el alto el fuego se ha extendido hasta el 31 de octubre y ambas partes mantienen su apuesta por la paz.

En las negociaciones de Cuba se impuso la lógica de querer cerrar lo que Juan Manuel Santos definió como “el sufrimiento, el dolor y la tragedia de la guerra” para “abrir una nueva etapa de nuestra historia”.

Quizá la mejor reflexión sobre el proceso la hizo el jefe negociador del Gobierno, Humberto de la Calle, en su discurso en la capital cubana donde expresó: “Haber logrado un acuerdo con las FARC no significa que haya existido una claudicación mutua. Mis convicciones y valores siguen intactos. Supongo que lo mismo ocurre con los miembros de la guerrilla”.

Por encima de esas diferencias y convicciones, al final pesó más el compromiso y la clara decisión de cortar un ciclo de violencia que dejó más de ocho millones de víctimas de todo tipo, entre muertos, heridos, desaparecidos, desplazados, secuestrados y mutilados, así como pérdidas económicas y ambientales imposibles de cuantificar.

Los diálogos que comenzaron el 19 de noviembre de 2012 transitaron por aguas turbulentas, con crisis, recriminaciones, interrupciones y amenazas de ruptura, pero también con muestras de confianza como las declaraciones de alto el fuego de la guerrilla o la suspensión de bombardeos del Gobierno a sus campamentos.

El camino que recorrió Santos lo intentaron andar otros antecesores suyos, comenzando por el conservador Belisario Betancur (1982-1986), quien a mitad de su mandato inició un proceso de paz con las FARC que tuvo algunos avances pero que al final fracasó, como sucedió entre 1998 y 2002 con el de Andrés Pastrana y con el de otros mandatarios que también lo intentaron.

Pero más allá del acuerdo plasmado en el papel y ahora en el limbo por el rechazo en las urnas, queda por delante una tarea tan titánica o incluso más que la ejecutada hasta ahora: hacer realidad los acuerdos –el actual o al que se llegue– no solo para las víctimas que fueron el centro de la negociación, o para los campesinos pobres que esperan el desarrollo rural, sino también para medio país que sigue siendo escéptico sobre esta solución.

Pese a que otros grupos armados ilegales siguen vivos en el país, el silencio de los fusiles de las FARC es el comienzo de un propósito de dejar atrás la violencia que ha castigado a los colombianos los últimos 52 años.

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