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08 febrero 12

A “cuota fija”, la clase media ya se endeudó en casi dos salarios

03 agosto 2010

La tentación de subirse al tren de los pagos a “tasa cero” parece irresistible para los argentinos e incluye a los riojanos. Desde LCD, electrodomésticos y hasta 0 km, están más al alcance que nunca. Así, el monto financiado con tarjetas casi duplica a la suba salarial promedio. ¿Para qué grupo es negocio endeudarse y con qué productos?. Aquí, las respuestas.

LCD, cocinas, heladeras, notebooks y hasta 0km. Todo parece estar al alcance de la mano de miles de argentinos, gracias a los plásticos y a los planes de pago en cuotas.

La tentación de aprovechar estas promociones resulta casi irresistible. Y hasta se muestra como un buen “negocio” darse un gustito, en lugar de que el dinero se erosione en manos de la inflación.

La euforia consumista no se detiene. Y esto tiene su correlato en el mayor dinero que se debe pagar a fin de mes.

Así las cosas, el endeudamiento de las familias argentinas ya ha dejado de ir “al trotecito” para acelerar su ritmo y transitar “a todo galope”.

Tal es así que ya supera los registros de los últimos dos años. Y nada indica que vaya a detenerse.

Es verdad que aún sigue siendo bajo, en comparación con lo que sucede en otros lugares del mundo, como en los Estados Unidos. Pero también es cierto que está volviéndose alto en términos históricos, según confirman los expertos del área financiera.

“Paradójicamente, mientras que en otros países la estabilidad es lo que lleva al aumento del crédito, aquí lo que incentiva a la gente a tomar deuda es la alta inflación, por el atractivo que implica la licuación de las cuotas”, destaca Gabriel Martini, analista financiero de la consultora Abeceb.com.

Con este panorama, el pronóstico es que las condiciones están dadas para que el boom de compras en cuotas fijas se extienda, por lo menos, hasta fin de año.

Claro está, “bombeado” desde el propio Gobierno, cuyo objetivo es -y será- el de llenar de dinero los bolsillos de los argentinos, de cara a la contienda electoral.

Suba de asignaciones y del mínimo no imponible, mejoras jubilatorias y acuerdos salariales sin “techo Moyano” ya han sido algunas de las medidas implementadas para que esto suceda.

“El crecimiento de la deuda familiar llegó para quedarse”, resalta Martín Apaz, gerente del departamento de Economía de Deloitte.

¿Cuánto creció la deuda de los hogares argentinos?

Hay muchas maneras de calcular la deuda vinculada al consumo. Una de ellas es comparar la exposición de los hogares al crédito, con la masa salarial.

En este sentido vale decir que en el último año:

  • Los montos prestados a las familias se incrementaron 24% en promedio.

  • Si se consideran las tarjetas de crédito, esa cifra trepó al 38 por ciento.

  • En tanto, el salario se ajustó muy por debajo, un 21%, según INDEC.

  • La deuda total con el sistema bancario asciende a $63.400 millones (tarjetas + préstamos personales + prendarios -sin considerar hipotecas-).

  • El salario medio del sector privado se ubica actualmente en 3.480 pesos.

En este contexto, el promedio de endeudamiento por asalariado asciende a $6.340, considerando un total de 10 millones de personas, que son las que en su gran mayoría están bancarizadas.

Esto arroja, ni más ni menos, una deuda financiera de casi dos sueldos. El mismo nivel que se registraba hace dos años, antes de que la economía ingresara en su fase recesiva, y una cifra superior a la del 2009.

Arden los plásticos

Si la estimación se realiza solamente tomando en cuenta el monto comprometido por tarjetas de crédito, entonces el incremento del nivel de endeudamiento, en relación al ingreso familiar, resulta todavía más pronunciado:

  • Los $22.200 millones que se deben al sistema arrojan un promedio de $2.220 por cada asalariado, que equivale a un 64% de su ingreso.

  • Esta cifra es la más alta registrada desde 2007, es decir, resulta incluso superior a los períodos precrisis.

¿Es negocio endeudarse?

Ante la estadística y la proyección de que el fenómeno tiene fuerza como para continuar, la pregunta que surge es si, efectivamente, es tan buen negocio aumentar el nivel de endeudamiento.

Y aquí hay que hacer algunas distinciones:

1- Quién es el que compra. La financiación en cuotas fijas trae como beneficio el efecto “licuación”. Pero éste no funciona igual para todos. Quien recibe ajustes salariales que logren protegerlo de la suba de precios verá caer más rápidamente el peso de la cuota en relación al ingreso total. Así, la situación es ideal para aquellos que trabajan en sectores bajo convenio y que este año negociaron ajustes por encima del 25 por ciento. Para ellos, un crédito a 24 cuotas, que al inicio se lleva un 10% del salario, al final del préstamo habrá caído a un 6% del ingreso. En cambio, para quienes están fuera de convenio y reciben ajustes menores, el beneficio es mucho más chico.

2- Qué es lo que se compra. El entorno inflacionario hace que algunos bienes que tradicionalmente se depreciaban rápido hoy no lo hagan tanto. El caso típico es el del automóvil, que puede comprarse a crédito con una razonable expectativa de que pueda ser revendido sin gran pérdida monetaria. Así, se podrá disfrutar del efecto combinado de la “licuación” de la cuota y de un mantenimiento en su precio de reventa. Distinto es el caso de los artículos tecnológicos, cuya depreciación es más acelerada y, probablemente, al cabo de dos años, pueden llegar a costar casi la mitad. Vale decir que, al transcurrir la mitad del plazo de cancelación del préstamo, el valor que se adeuda al banco puede resultar mayor que el de reposición del bien.

3- Cuánto incide el monto en el ingreso total. Hay un límite que marca hasta dónde es “sano” endeudarse y a partir de cuándo no lo es. ¿Cuál es ese límite? Varía según cada familia, pero el criterio es inmutable: no es negocio tener una relación deuda/salario en la que sólo alcance el dinero para pagar el monto mínimo e ir financiando el resto. En este caso, el costo de ese saldo impago (que puede ir desde un 30% a un 85%, dependiendo la entidad) anula por completo el beneficio del descuento logrado, como así también la ganancia de la cuota fija por su licuación en el tiempo. Al respecto, Milagros Gismondi, economista del Estudio Ferreres, advierte que la alternativa de financiarse con tarjeta y sólo pagar el saldo mínimo resulta más cara, incluso, que la de tomar un préstamo personal.

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