La presidenta Cristina Kirchner acusó al Reino Unido de poner en riesgo la seguridad global y le pidió al primer ministro ingles, David Cameron, que le dé “una oportunidad a la paz”. Estuvieron el gobernador riojano Beder Herrera junto a sus pares, Hugo Moyano y dirigentes opositores.
Con la mayoría de los referentes de la oposición en la Casa Rosada, Cristina Kirchner anunció este martes que hará una presentación ante el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas para denunciar una ” militarización ” del Atlántico Sur por parte del gobierno del Reino Unido en el conflicto por las islas Malvinas .
La Presidenta ideó el anuncio , que había generado una fuerte expectativa, como un gesto para mostrar unidad política interna ante el recrudecimiento de la disputa diplomática, dos meses antes de que se cumplan 30 años de la guerra entre los dos países. En paralelo, sumó entre sus invitados a gran parte de los embajadores extranjeros para destacar el apoyo que había recibido la posición argentina sobre el conflicto con Londres de los países de la región.
“Están militarizando la zona del Atlántico Sur una vez más”, afirmó la Presidenta. Puntualizó que se refería al envío de un sofisticado barco de guerra junto con la llegada a las islas del príncipe Guillermo, segundo en la línea sucesoria de la corona inglesa, de quien dijo que había viajado con el “uniforme del conquistador y no con la sabiduría de un estadista”.
“No podemos interpretar de otra manera el envío de un destructor acompañando al heredero real. Vamos a plantear fuertemente esta militarización, que implica un grave riesgo para la seguridad global”, agregó Cristina Kirchner. Dirigiéndose directamente al primer ministro inglés, David Cameron, le advirtió: “Que nadie espere de nosotros gestos por fuera de la diplomacia. No nos atraen los juegos de las armas y la guerra”. Y, parafraseando a John Lennon, le pidió que le dé “una oportunidad a la paz”. Además de la presentación ante el Consejo de Seguridad, del cual Inglaterra es uno de sus cinco miembros permanentes y con derecho a veto, la Presidenta anunció que también llevará su denuncia contra la nueva ofensiva del Reino Unido a la Asamblea General de las Naciones Unidas.
Sumó a estas decisiones la firma del decreto, ya anunciado, que autoriza la desclasificación del informe sobre el accionar argentino durante la guerra, previo estudio por parte de una comisión que en un mes deberá dictaminar si se lo difunde en su totalidad. La Presidenta invitó a integrarla al coronel Augusto Rattenbach, hijo del general Benjamín Rattenbach, autor del documento secreto. El coronel y su familia estuvieron en el acto.
Como gesto a los dirigentes políticos presentes, los invitó a participar en la próxima reunión del comité de descolonización, que se hará el 14 de junio en Nueva York, un encuentro de rutina.
Las señales de concordia se vieron empañadas con una inesperada agresión al final del acto: un grupo de ex combatientes que había quedado fuera de la Casa Rosada golpeó al diputado kirchnerista José María Díaz Bancalari cuando terminaba de hacer declaraciones en la puerta de Balcarce 50.
Ese hecho rompió por un momento el clima de euforia que se vivía en la Casa Rosada. Por allí desfiló, como hacía tiempo no ocurría, todo el arco político, sindical y empresarial. Entre los dirigentes opositores estuvieron Francisco de Narváez, Patricia Bullrich, Ricardo Gil Lavedra, Leopoldo Moreau, Rubén Giustiniani, Antonio Bonfatti y Felipe Solá. La mayoría de ellos reaccionó al anuncio con un moderado apoyo.
La presencia que más miradas acaparó fue la del secretario general de la CGT, Hugo Moyano, en momentos en que está abiertamente enfrentado con el Gobierno. Además, también estuvo Antonio Caló, jefe de la UOM, que hoy aparece como la contracara del moyanismo para comandar la CGT.
Todos los gobernadores se sumaron al acto, además de representantes de varias organizaciones sociales, de derechos humanos y de ex combatientes de Malvinas. Todos habían llegado a la Casa Rosada sin conocer el contenido específico del anuncio.
La expectativa de las horas previas, sobre todo por la magnitud de la convocatoria, había generado versiones de lo más variadas. En Chile y en las islas había preocupación por la posibilidad de que se anunciara la interrupción del vuelo semanal que la empresa LAN hace a las Malvinas por sobre el territorio argentino (algo con lo que la Presidenta había amenazado a Gran Bretaña en su última intervención en las Naciones Unidas).
Pero la decisión no tenía nada que ver con eso. Además de la denuncia por la “militarización”, la Presidenta buscó hacer gestos hacia los veteranos de 1982. Anunció que durante el mes próximo quedará inaugurado un hospital de salud mental en la sede del Instituto Geográfico Militar, y recordó que 439 de los ex combatientes se habían suicidado desde el fin del conflicto bélico.
Con la geografía de las islas en color celeste recortada a sus espaldas, Cristina Kirchner avanzó en un reclamo directo hacia el gobierno británico: “Quiero pedirle al primer ministro que le dé una oportunidad a la paz y no a la guerra”, planteó, en uno de los párrafos más aplaudidos.
La estrategia oficial fue cerrar con la presentación del Informe Rattenbach el debate local sobre la guerra. “No se puede achacar al pueblo argentino para no cumplir con las resoluciones de las Naciones Unidas y sentarse a dialogar”, apuntó la jefa del Estado.
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