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20 septiembre 17

Interesante análisis de cómo serán las parejas del futuro

26 noviembre 2009

Un reciente libro reflexiona sobre la dificultad en estos tiempos de encontrar el amor y establecer relaciones duraderas. Su autora asegura que el problema de las generaciones actuales es que no quieren renunciar a nada y eso dificulta los vínculos.

La psicoterapeuta argentina Patricia Faur, en su nuevo libro Amores fugaces, reflexiona sobre la dificultad en estos tiempos de encontrar el amor y establecer relaciones duraderas, situación atravesada por el miedo al compromiso, y sostiene que las nuevas generaciones “no quieren renunciar a nada”.

¿Hacia dónde van las relaciones personales? ¿Se pueden construir nuevos modelos vinculares? ¿Cómo son los “nuevos amores”?, se pregunta la autora en el comienzo del libro (publicado por Ediciones B), donde se hace eco de las problemáticas que con más frecuencia escucha en su consultorio, en referencia a la liviandad de los vínculos actuales y la fugacidad de su duración.

“Dentro de unos años seguramente veremos nacer nuevos modelos de relación -arriesga Faur, en una entrevista con la agencia de noticias Télam-. A pesar de vivir en la era del vacío, de vínculos efímeros, la gente quiere seguir relacionándose, lo que pasa es que no encuentra la manera ni el modelo”.

Autora de los anteriores Amores que matan, sobre los vínculos tóxicos y Sospechas verdaderas dedicado a envidia y celos, esta psicóloga nacida en 1958 cuenta con fluidez las protestas más comunes que los pacientes vuelcan hoy en el diván mientras hilvana con ejemplos de películas y series que grafican las situaciones y dan fluidez al relato.

“El problema que tienen las generaciones actuales es que no quieren renunciar a nada y si no hay posibilidad de renuncia, no hay posibilidad de vínculo. Las relaciones en este momento están yendo hacia un lugar de poca vinculación, de poca intimidad emocional, porque el compromiso está absolutamente devaluado, sin embargo las nuevas generaciones siguen buscando”, asegura Faur.

“Las parejas jóvenes intentan, trabajan un tiempo, se les va el entusiasmo, vienen desesperanzadas, no encuentran la manera, y la verdad es que no tienen esta dinámica del esfuerzo y del trabajo que si tenían otras generaciones”, dice la psicóloga, mientras se refiere a nuevos actores inmersos en viejos paradigmas.

“Yo veo pacientes que vienen con modelos viejos, que dicen por ejemplo ‘quiero un hombre que si salimos pague él, no aguanto que un tipo no me invite’, el paradigma del hombre proveedor, y sin embargo si ese mismo hombre llega a la casa, se sienta con los pies en el sillón a mirar tele y le dice ‘poné la mesa y hacé la comida’ esa misma mujer lo saca corriendo”, ejemplifica.

Para Faur, “hay un modelo que no termina de construirse, tanto mujeres como hombres no entienden muy bien dónde ubicarse dentro de una relación, y esto no tendría nada de malo en una sociedad que construye un nuevo modelo vincular, el problema es que no se quedan a trabajarlo, las generaciones nuevas no tienen paciencia para sentarse a trabajarlo”.

La autora ubica esta situación en un contexto de posmodernidad, en una sociedad vertiginosa, caracterizada por el disfrute permanente, un mundo que tienen horror de envejecer y donde “el futuro no existe” y las personas “se consumen, se devoran, y se recambian con la misma facilidad que un par de zapatos”.

“Es una sociedad que quiere el placer inmediato y que no ve futuro, pero sobre todo donde está devaluado el compromiso y no sólo el afectivo. Es una sociedad que no se compromete con el prójimo, con la política, con la militancia, con el sacrificio en el trabajo, no se compromete con nada, en todo tiene una mirada distante y muy egocéntrica”, apunta.

Incluso, la autora habla de “los jóvenes bulímicos emocionales”, que no se satisfacen con nada, que quieren más pero no quieren trabajar para conseguirlo y que hablan de la insatisfacción permanente.

“Hay una sensación de vacío que sobrevuela todo el tiempo pero entendido como una mala palabra y del vacío tampoco hay que salir corriendo porque es un estado más de la vida. Parece una sociedad que le tiene mucho temor al vacío entonces permanentemente lo está llenando y, claro, no se llena nunca”, arriesga.

“Lo cierto -dice Faur- es que una relación que no se trabaja tiene fecha de vencimiento. Las relaciones se construyen y como la generaciones actuales no tienen ganas de trabajar lo que van haciendo es saltar de enamoramiento en enamoramiento, en relaciones que nunca arrancan y que duran lo que dura la pasión”, sostiene.

“Tal vez, -sugiere- si alguien dice voy a tener una relación que no sea apasionada todo el tiempo, divertida todo el tiempo, que no me llene el vacío todo el tiempo, pero que en algún momento me de tibieza, ternura y me haga sentir acompañada, logre arrancar en un vínculo y cuando logre arrancar, ese vínculo hoy es mucho mejor que los de antes”, promete.

“Las parejas que logran trabajar y comunicarse tienen mejores relaciones que las que podían tener nuestros padres o abuelos. Hay que atravesar esa barrera de la renuncia y del esfuerzo, entender que la sexualidad hay que buscarla, que la comunicación hay que buscarla, la armonía en la familia hay que ir a buscarla, es algo que hay que trabajarlo”, concluye.

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