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19 septiembre 17

Los perjuicios de vivir apretando los dientes

01 agosto 2013

Rechinar los dientes y apretar los músculos de la zona de la mandíbula es un hábito que puede darse en sueño o vigilia, se denomina bruxismo y puede tener distintas consecuencias. Datos.

El hábito de apretar (y, a veces, rechinar) los dientes se denomina “bruxismo”. Se puede considerar normal, siempre que la cantidad de episodios –y su duración– no superen la capacidad de recuperación del organismo.

Puede desarrollarse cuando la persona está despierta y en actividad: la tensión de los músculos de la mandíbula es intensa, prolongada e involuntaria, como descarga ansiosa en momentos de concentración intelectual o malestar emocional. Como parte de este tic nervioso, se frotan o raspan los dientes (con un ruido característico). Debido a la actividad diaria, la acción de apretar músculos o raspar los dientes se interrumpe y fragmenta en el tiempo.

La situación es diferente cuando el paciente duerme, momento en el que además de rechinar los dientes puede apretar los músculos; en este caso, no hay interrupciones y se asocia con pérdida de la calidad de sueño y descanso poco reparador.

El bruxismo puede tener distintas consecuencias: daño a nivel de los dientes (desgaste exagerado, desprendimiento de fragmentos o fractura completa), dolor o sensación de dientes flojos al despertar. También se pueden presentar molestias a nivel de los músculos que se usan en la masticación –a la altura de la sien y parte posterior e inferior de la mandíbula–, con alteración en la función y el movimiento. Este exceso de presión en las articulaciones temporomandibulares (unión del hueso mandibular con el cráneo) puede generar una disminución en la apertura de la boca, ruidos en las articulaciones o incomodidad al masticar. También se relaciona con cefaleas, sensación de taponamiento, ruidos o zumbidos.

¿Cuál es el origen del bruxismo? Es una incógnita para los profesionales de la salud, ya que responde a diversas causas, según se trate del bruxismo en vigilia o del sueño. En el primero, suele relacionarse con situaciones de estrés diario. El segundo, en cambio, se asocia con la calidad del sueño, es decir, el paciente no puede tener un sueño profundo y reparador, sino que presenta micro-despertares que lo llevan a mover sus miembros en forma descontrolada, roncar, sufrir ahogos (apneas), apretar por tiempo muy prolongado sus músculos y raspar sus dientes. En otras palabras, la persona pasa una “mala noche”, sin tomar conciencia de ello. Al despertar, tiene dificultad para levantarse, cansancio o somnolencia. Con el tiempo, los odontólogos observamos el devastador efecto del bruxismo sobre el sistema masticatorio.

¿Cómo se trata este hábito? Es conocido el uso de “placas de relajación”, que hasta hoy no mostraron científicamente efecto beneficioso, pues no producen “relajación” a nivel muscular. Tampoco limita la acción de apretar y raspar los dientes. Su principal efecto es la protección del esmalte dentario y distribuir las fuerzas y presiones. Además, es un placebo: otorga una sensación de “protección” al ir a dormir.

Como primer paso, el odontólogo debe diagnosticar correctamente el tipo de bruxismo (si se aprietan los músculos, raspan los dientes o ambas acciones) y si se presenta más en vigilia, sueño o en los dos estados. Luego, habrá que establecer el grado de acuerdo con las estructuras involucradas y cómo se ven afectadas. Esta evaluación podrá motivar la derivación a especialistas, como traumatólogos y kinesiólogos, otorrinolaringólogos y fonoaudiólogos, ginecólogos y endocrinólogos, psiquiatras y psicólogos.

Para tratar el bruxismo de vigilia es importante explicar al paciente sus características, concientizarlo sobre el hábito y hacer hincapié en que disminuya los factores de estrés, ansiedad urbana y situaciones de conflicto. Sugerir la mejor postura habitual o laboral y alimentación. Y hacer recomendaciones de actividad física y elongación muscular.

Si se produce cuando duerme, se instruirá sobre la “higiene del sueño”, con indicaciones de, por ejemplo, acostarse a la misma hora –dos o tres horas después de la última ingesta de comida (muy liviana)–, limitar el consumo de alcohol, cigarrillos, energizantes, etc. Y generar un ambiente que induzca el sueño naturalmente.

Finalmente, hay una variante de bruxismo llamado “farmacológico”, provocado por el consumo, a veces indiscriminado y sin control médico, de remedios (como anfetaminas o antidepresivos) y drogas ilegales.

Ante las múltiples causas, su tratamiento y prevención deben orientarse hacia la educación e instrucción del paciente, la búsqueda de factores que lo disparan o agravan y luego buscar alternativas de reparación y mejora de esta parafunción. En esta tarea, es imprescindible el trabajo mancomunado e 
interdisciplinario de la comunidad médica que incluye al paciente.

*Sergio Azcona es miembro de la Sociedad de Prostodoncia del Círculo Odontológico de Córdoba.

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