«EL MENSAJE DE ANGELELLI ES LA BÚSQUEDA DE JUSTICIA Y PAZ»

«EL MENSAJE DE ANGELELLI ES LA BÚSQUEDA DE JUSTICIA Y PAZ»
agosto 04 12:39 2022 Imprimir noticia

Arturo Pinto era sacerdote el 4 de agosto de 1976 y viajaba con Angelelli ese día. Sobrevivió al atentado que la Dictadura Militar perpetró contra el obispo riojano. «Angelelli era un cura distinto, estaba siempre en contacto con la gente», señaló.


Arturo Pinto viajaba junto a monseñor Enrique Angelelli aquel 4 de agosto de 1976 y fue el único sobreviviente del atentado que la Dictadura Militar perpetró contra el obispo riojano y que terminó con su vida aquel día.

Hoy, a 46 años de aquel día, Arturo Pinto dialogó con Riojavirtual Radio sobre qué significa el mensaje de Angelelli y acerca de la figura del mártir.

«A este día lo vivo como mucha parte del pueblo riojano, lo vivo como un gran encuentro, un día de memoria, haciendo de memoria de la vida del Obispo. Angelelli fue un hombre de iglesia y cuando llegó a La Rioja, él mismo dijo que era un hombre de tierra adentro. Se dedicó al contacto humano, a la presencia. Se dedicó a recorrer la provincia», sostuvo Pinto en diálogo con Riojavirtual Radio.

Pinto era sacerdote cuando asesinaron a Angelelli y fue la única persona que viajaba con Monseñor en el día que sufrió un atentado. Pinto habló luego sobre la histórica y emblemática frase de Angelelli, «con un oído en el pueblo y otro en el Evangelio».

«Con un oído en el pueblo significa el conocimiento de un pueblo, Angelelli se dedicó a acercarse a la gente. Cuando a las homilías las hacía por radio se hacía presente en los hogares. Tal es así que la gente paraba sus actividades en ese horario para escuchar al Obispo. Angelelli fue un activo miembro de la iglesia renovada, aquella iglesia que abría las ventanas para que entre aire fresco. Creo que su presencia, su imagen y su pastoral es presentar la novedad de la renovación del Vaticano II, fue un cura distinto, que no estaba en la sacristía sino que estaba en contacto con la gente», comentó.

Pinto dijo además que cuando fue la beatificación de Angelelli, el 27 de abril de 2019 «quedó demostrado que Angelelli y los mártires pueden estar felices porque muchos jóvenes que no lo conocían y que sin embargo tomaron la posta, son quienes hoy lo interpretan. Angelelli tenía un mensaje claro en búsqueda de justicia y de paz», aseguró.

A su vez, dijo que «hoy se demuestra que el pueblo riojano tenía razón cuando dijo que a Angelelli lo mataron, quedó claramente demostraron que lo mataron». «Pero su mensaje no es que lo mataron sino es que sigue vivo y lo tenemos todos nosotros», cerró.

El crimen de Angelelli

El 4 de agosto de 1976, monseñor Angelelli fue asesinado por efectivos del Tercer Cuerpo de Ejército, comandado por el genocida Mario Benjamín Menéndez, que fraguaron su muerte como un accidente automovilístico.

Ese 4 de agosto aparecía sin vida el cuerpo del Obispo, férreo luchador por los derechos humanos y, como tal, opositor a la dictadura.

El cadáver estaba junto a su auto en Punta de los Llanos, según se dijo entonces, debido a un siniestro vial ocurrido cuando regresaba del funeral de los sacerdotes Carlos de Dios Murias y Gabriel Longeville, que habían sido asesinados.

Sin embargo, en 2014, el Tribunal Oral en lo Criminal Federal de La Rioja determinó que se trató de un homicidio y condenó por ellos a Luciano Benjamín Menéndez y Luis Fernando Estrella a prisión perpetua y cárcel común.

Según el “Nunca Más”, el informe de la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (CONADEP), “el 4 de agosto de 1976, el cuerpo del obispo de La Rioja, Enrique Angelelli, fue encontrado al costado de la ruta 38, camino a la capital provincial. La camioneta furgón en la que viajaba dio varias vueltas antes de que saliera expulsado. Su acompañante, el entonces vicario episcopal, Arturo Pinto, sufrió numerosos golpes y perdió la conciencia, pero salvó su vida. Cuando la policía encontró el cuerpo de Angelelli, estaba llamativamente dispuesto sobre la tierra. Ambos religiosos regresaban de Chamical, donde unos quince días antes habían sido secuestrados, torturados y brutalmente asesinados los jóvenes sacerdotes Gabriel Longueville y Carlos de Dios Murias. El obispo había oficiado la misa del entierro el 22 de julio y en la camioneta llevaba una valija con documentos recogidos para esclarecer estos crímenes“.

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