¿ESTAMOS EN CAMPAÑA?

by Emanuel Hernadez | 16 abril, 2023 9:09 am

A tres semanas de los comicios, la campaña muestra una intensidad mucho menor a lo habitual. Algunas especulaciones sobre las razones y cómo puede impactar en el 7 de mayo. La apatía, los aparatos electorales y el debate de fondo que se necesita.


A 21 días de ir a las urnas, la poca presencia de carteles y pasacalles, un debate casi nulo y hasta la ausencia de operaciones de prensa, marcan una de las campañas más calmas que el electorado riojano recuerde desde el retorno de la democracia. 

En una provincia donde el Estado es el principal motor de la economía -tanto en la inyección de dinero como en la generación de fuentes de empleo- habitualmente los años electorales se viven con mucha intensidad y, al mismo tiempo, dinamizan la actividad económica. Desde las pautas publicitarias en los medios de comunicación hastalas contrataciones de taxis y remises, pasando por las dádivas que se reparten antes de los comicios, todo termina funcionando como un aliciente a la economía provincial. Hoy todo parece estar morigerado. 

La ausencia de campaña tiene un elemento más que se puede considerar y es que se trata de una elección que incluye cargos ejecutivos. 

Los politólogos marcan que los comicios para cargos legislativos despiertan menos interés en el electorado e inclusive presentan un mayor ausentismo el día de la votación. Sin embargo, no debería ser el caso del 7 de mayo, en donde se discute el poder provincial y municipal en las 18 comunas y, por ende, entre funcionarios y empleados se juega el destino de miles de cargos.

Como siempre ocurre con los procesos sociales/políticos tienen múltiples interpretaciones, pero quizás dos principales aparecen al momento de pensar el tenor de esta campaña.

El primero es el económico. El dato de una inflación que en La Rioja llegó al 7,3% en marzo y que está por encima del 105% anual, deja de lado la posibilidad de cualquier otro debate en las mesas riojanas. El proceso inflacionario más importante de los últimos 30 años condiciona cualquier argumento porque afecta de manera directa el poder adquisitivo de los 380 mil riojanos y como consecuencia directa su calidad de vida. 

Y aquí surge un segundo elemento clave para entender este momento: la crisis de representación. Hace muchos años que la política es vista por amplios sectores sociales como una mala palabra, como sinónimo de mala administración de los recursos y corrupción. 

Ese proceso social tuvo un agravante en los últimos 8 años y es el fracaso de las dos principales coaliciones políticas del país. “Ni Juntos por el Cambio” ni el “Frente de Todos” lograron en estos últimos dos mandatos controlar la inflación ni tampoco mejorar la economía real, con lo cual su presencia en la escena pública se ve condicionada por esas derrotas económicas.

¿Y a nivel local? El Gobierno provincial se ve golpeado porque la inflación dinamita el poder adquisitivo de los salarios de los estatales y entonces cualquier política salarial termina siendo escasa ante una inflación anual de tres cifras. Mientras que “Juntos por el Cambio” tiene como principal expresión la gestión en la ciudad Capital, en donde baches y falta de iluminación profundizan el malestar social. 

Con lo cual la pregunta que surge como obvia es: ¿A quién favorece esta campaña tan planchada?

La primera lectura podría ser a quien tenga más capacidad de movilización el día del comicio, lo cual favorecería al oficialismo por ser Gobierno y controlar el aparato del Estado. Pero también es cierto que el crecimiento del sector libertario viene de la mano de este malestar con la política tradicional y que “Juntos por el Cambio” tiene un núcleo duro de votantes que ve al peronismo como el responsable de todos los males del país. 

Sin embargo, quizás deberíamos ir un poco más allá al momento de pensar este momento de la política. Solamente reflexionar a quién beneficia esta apatía política de cara al 7 de mayo nos limitaría en el análisis y sería más de lo mismo, pensar en chiquito, a corto plazo. 

Hay un fenómeno mundial de crisis de las democracias occidentales como las conocimos durante el siglo XX y los ejemplos sobran con solamente mencionar a España, Estados Unidos, Brasil o Israel, en donde la crisis de representación es elocuente y una constante de los últimos años. 

En paralelo la inflación en Argentina toca su punto más alto en los últimos 30 años y los 40 años de democracia generan que varias generaciones de argentinos vivan como natural y obvios ciertos derechos de los cuales disfrutan, sin entender que esos derechos/beneficios son el producto de años de luchas y de defender todas las instancias del sistema democrático (empezando por el acto de votar). 

La indolencia de amplios sectores sociales y la sensación generalizada de una sociedad enojada son una combinación peligrosa, que va a requerir de un nuevo contrato social, para que la sociedad se pueda reconectar con la política como la herramienta de regulación y transformación de la comunidad. 

¿Estamos en campaña? Sí, pero en una diferente, una que precisa como primer paso lograr que la sociedad vuelva a creer en la política.

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