INÉDITO. POR MATTÍAS MERAGELMAN

INÉDITO. POR MATTÍAS MERAGELMAN
abril 14 09:48 2024 Imprimir noticia

El Gobernador profundiza su distanciamiento de la “Casa Rosada” y cada vez usa términos más duros para describir al presidente. ¿El mandatario provincial debe priorizar su posición política personal o la relación con el Gobierno nacional? Una mirada histórica para entender lo particular del momento.


En su libro “Historia de La Rioja”, Armando Bazán cuenta como a lo largo de varios siglos se repitió la dependencia económica de la Provincia de los recursos nacionales.

Solamente por mencionar un hecho, en 1857 el gobernador Manuel Bustos le escribe una carta al presidente Justo José de Urquiza en la cual le expresa: “Todo Gobierno, al menos por mucho tiempo, es imposible aquí sin la protección especial del Gobierno nacional por la suma pobreza y la escasez consiguiente de las rentas públicas para los gastos más indispensables”.

Inclusive, el historiador precisa que el presupuesto provincial de ese año distingue entre los fondos propios y un subsidio nacional para poder hacer frente al pago de los sueldos de los empleados públicos.

En aquel momento Hipólito Yrigoyen tenía cinco años, Juan Domingo Perón, Javier Milei y Ricardo Quintela todavía no habían nacido, pero La Rioja ya estaba condicionada por la necesidad de contar con recursos nacionales.  

Estamos frente a un momento inédito en la historia provincial. Un territorio siempre dependiente de los fondos federales está confrontando de manera directa con su principal fuente de financiamiento: el Estado nacional.

La relación política entre el Gobierno provincial y la “Casa Rosada” sigue sumando elementos de enfrentamiento y no se observa un punto de retorno en esta relación. Inclusive en los últimos 10 días el gobernador Ricardo Quintela le subió un par de grados a la confrontación.

El mandatario provincial confirmó en medios de comunicación nacionales que no firmará el “Pacto de Mayo” impulsado por el Gobierno nacional, calificó de “payaso” al presidente de la Nación y hasta mencionó que Javier Milei no se animaría a descalificarlo cara a cara, en persona.

Al buscar las razones de este proceso hay varios elementos para marcar.

El primero es el convencimiento ideológico y personal que tiene Ricardo Quintela sobre la gestión del presidente Javier Milei y sus consecuencias económicas para el país y la Provincia.

El mandato provincial cree que el ajuste aplicado por Nación es en contra de las grandes mayorías de la población y que en la historia nacional los gobiernos liberales siempre generaron un círculo interminable de ajuste tras ajuste porque los números nunca cierran por la caída de la producción y la recesión que afecta al mercado interno.

Ese convencimiento político de Quintela se complementa con una característica personal de su vida política.

A lo largo de su historia política como diputado provincial, como legislador nacional y ni hablar como Intendente de la Capital, Quintela siempre entendió la política como un proceso de confrontación entre sectores, lo que los politólogos llaman “política agonal”. El Gobernador es un dirigente que comprende la política como una disputa, como un conflicto y en ese marco cree que su enfrentamiento con la Nación es algo lógico por sus posiciones enfrentadas.

Ese escenario nos lleva a dos dudas principales, una económica y otra de tipo política/moral: ¿Podrá la Provincia soportar financieramente este escenario? ¿Es correcta la decisión de que la posición política personal del Gobernador se imponga por sobre el vínculo institucional con la Nación?

En lo financiero algunos datos de los últimas tres meses son llamativos. El Gobierno provincial anunció: dos incrementos salariales a los trabajadores estatales, pagará la finalización del camino a Chile, terminará 100 casas que están pendientes por la paralización de la obra pública nacional, subsidió la no aplicación del incremento de las tarifas de servicios públicos y mantuvo la vigencia del boleto estudiantil gratuito.

¿Cuánto tiempo más se puede sostener esa realidad mientras el envío de los recursos nacionales sigue cayendo por efecto de la recesión y la Nación debe varios miles de millones de pesos a la Provincia en concepto de FONID, obras públicas y fondos extras? ¿Qué pasará con obras emblemáticas como la rotonda del Chacho o las 1.700 viviendas que no fueron finalizadas todavía? 

La decisión personal de enfrentar al Estado nacional tiene otros componentes y es más compleja de dilucidar.

Quintela fue reelecto por los riojanos en mayo pasado ampliamente, ratificando en las urnas su forma de gobernar luego de cuatro años de Gobierno. Sin embargo, esos mismos riojanos en noviembre respaldaron mayoritariamente a Javier Milei y su escuela austríaca del “Libre mercado”.

El Gobernador es el máximo representante institucional de los riojanos. Entonces: ¿A quién debe representar? ¿A los que lo votaron en mayo o a quienes en noviembre respaldaron a Milei?

Este mismo debate se presentó muchas veces en relación a los legisladores nacionales, porque habitualmente se discute si su voto ante determinadas leyes debe ser parte de una negociación política de las Provincias con la “Casa Rosada” o deben guiarse por su libertad de criterio e ideología.

En el Gobierno provincial remarcan que el Estado nacional no quiere dialogar, sino imponer y en ese sentido destacan que ninguna provincia se vio beneficiada hasta ahora (más allá de tener gestos con la “Casa Rosada”). De hecho, la obra pública está paralizada en todo el país y el propio presidente dijo en la semana que mantendrá esa decisión.

Ese dato es real, pero también es cierto que ningún mandatario provincial está tan expuesto públicamente en su confrontación con el presidente de la Nación como el Gobernador riojano. ¿Cómo haría para reconstruir el vínculo político en caso de que se habilite el diálogo?

Más allá de sus aciertos y errores en la administración, es interesante pensar los condicionantes históricos que le tocaron enfrentar a Ricardo Quintela en la gobernación de la Provincia.

Su primer mandato quedó determinado por dos años de pandemia que afectaron al mundo entero y que cambiaron todas las reglas de lo que conocíamos como orden social. Su segunda gestión transcurre en la convivencia con un presidente que expone una alteración del sistema político en los términos que estuvo establecido desde el retorno de la democracia hace 40 años.   

Solamente el tiempo dirá de manera definitiva si la estrategia del Gobierno provincial frente a la “Casa Rosada” es un acierto o un error. Sin embargo, es también real que la historia sirve como un elemento para tratar de entender el presente a partir de las enseñanzas del pasado y está claro que estamos frente a un momento inédito.

En 1925 la provincia de La Rioja fue intervenida durante la presidencia del radical Marcelo Torcuato de Alvear y el interventor designado fue Manuel Mora y Araujo. Al abandonar su cargo el 10 de mayo de 1926, el comisionado nacional afirmó: “No creo adelantar una novedad cuando digo que el problema económico de La Rioja entraña la solución a sus problemas políticos”.   Quizás desde hace centurias en esta parte del mundo la explicación de todos los problemas sea la misma: los recursos.

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