NO SERÁ UN DOMINGO CUALQUIERA, POR MATTÍAS MERAGELMAN

NO SERÁ UN DOMINGO CUALQUIERA, POR MATTÍAS MERAGELMAN
noviembre 12 07:37 2023 Imprimir noticia

Dentro de siete días definiremos los próximos años del país, se enfrentan dos modelos opuestos. El problema de ser neutral y la democracia como única garantía de construir una sociedad mejor más allá del resultado. La elección será un punto de inflexión.


A lo largo de la historia, Argentina tuvo diferentes cambios de rumbo y destino político de la mano de procesos electorales y sociales más o menos complejos, pero quizás como nunca desde 1983 nos encontramos en una encrucijada histórica que podría determinar un país totalmente diferente en los próximos años o sería mejor decir en las próximas décadas.

El candidato presidencial Javier Milei morigeró su discurso luego de la primera vuelta y su alianza con el sector de «Juntos por el Cambio» que encabezan el ex presidente Mauricio Macri y la ex candidata presidencial Patricia Bullrich. Sin embargo, en los últimos días el libertario ratificó que la política económica en un eventual Gobierno de ese espacio sería la que él determine y la presidenta del Pro confirmó lo mismo.

Tomando esas afirmaciones coincidentes de los dos dirigentes, podríamos marcar que este domingo se enfrentan dos modelos económicos muy opuestos: dolarizar versus continuar con el peso, eliminar la coparticipación enfrentada a ratificar el esquema de reparto de fondos nacional, cierre del Banco Central frente a su continuidad, mantener la obra pública financiada por el Estado o que solamente se realicen las obras que sean pagadas por los privados, la continuidad del sistema de educación pública frente a un sistema de vouchers o la eliminación del sistema de subsidios al transporte. Eso dijeron Sergio Massa y Javier Milei en público.

Yendo al terreno local, no hay ninguna certeza sobre cómo serán los próximos cuatro años de gobierno de Ricardo Quintela en la Provincia. Porque la gestión que comenzará el próximo 10 de diciembre tendrá su primera gran definición (y principal condicionante) cuando abramos las urnas el domingo que viene. En una Provincia en donde nueve de cada diez pesos que se gastan vienen desde la Nación, ya está dicho hasta el hartazgo que quien se siente en el sillón de Rivadavia determinará el futuro de los riojanos y riojanas de manera directa.

La decisión que marquen los comicios determinará un antes y un después en el país.

Por eso la neutralidad puede ser una trampa en este momento de encrucijada. Teniendo en claro que existen argumentos muy válidos para cuestionar a uno y otro candidato y hasta que quizás como nunca antes en estos 40 años votar en blanco sea atendible y entendible, ser neutral puede ser una forma de no compromiso con la realidad que construiremos y un riesgo.

El domingo a la noche podés acostarte a dormir muy feliz porque fuiste coherente con tus ideas y votaste en blanco, pero tu coherencia/neutralidad significaría una inacción que catapultaría a la presidencia un modelo de país que enfrentarás en sus consecuencias.

Esta semana lo explicitó el presidente de la Unión Cívica Radical y gobernador de Jujuy, Gerardo Morales, al asegurar que las provincias no tienen certezas de poder pagar los sueldos de los empleados públicos en caso de un triunfo de Javier Milei.

No escribo este texto desde la neutralidad (si es que eso pudiera existir en el periodismo). Lo hago convencido que un modelo como el propuesto por Milei es un salto al vacío que nos dejaría sin soberanía monetaria, sin certezas sobre qué pasaría con la construcción de viviendas en La Rioja, cómo sería el acceso a la salud o la educación pública. Todos campos del funcionamiento del país y la Provincia que son claramente mejorables y perfeccionables porque hoy tienen serias deficiencias, pero que su inexistencia por la ausencia de recursos estatales marcaría un escenario todavía peor que el actual para grandes masas de la población.

Tomo postura desde el convencimiento que se puede estar peor si eliminamos derechos que nos costaron tanto conseguir. Y creo que eso implicaría votar a “La Libertad Avanza”. Inclusive, mi voto quizás es más para evitar la llegada de Milei al poder que convencido de lo que implicaría una administración encabezada por Sergio Massa.

La democracia no es solamente votar, es también hacer lo que la mayoría elige pero respetando las leyes y los derechos de las minorías.

Si gana Sergio Massa deberá convivir y respetar a este proceso novedoso e indescifrable que son los “anarco capitalistas”. Serían ciudadanos argentinos que no habrían ganado la elección y que inclusive ya advirtieron que no confían en el sistema electoral y sus mecanismos de control, pero que serán parte del país que debería gobernar el tigrense y no podría ignorar su existencia.

Si por el contrario vence Javier Milei, existiríamos una masa de argentinos que no lo habremos votado pero que deberemos ser respetados en nuestros derechos e ideas, como una minoría que resultó derrotada en los comicios pero que sigue existiendo como sujeto político y como ciudadano.

Este proceso electoral nos expuso a un claro retroceso en materia de construcción del sistema político argentino. Hubo una degradación del debate público, en el que llegamos a debatir desde la venta de órganos hasta la renuncia a la paternidad, pasando por la rotura de consensos básicos del sistema democrático que construimos desde 1983 y que hoy se muestran endebles ante los embates de ciertos sectores que aprovechan la confusión para volver a la escena pública (de la cual quizás nunca se fueron).

La democracia es la única garantía de que gane quien gane sigamos creciendo como país, una democracia que deberá respetarse y ejecutarse partiendo de entender que no pensamos todos igual, porque justamente en una democracia la diversidad es la norma y no la excepción.

Cuatro décadas después la democracia es nuestra principal virtud como sociedad.



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