PERFUME DE REPELENTE. Por Mattías Meragelman

abril 07 08:51 2024 Imprimir noticia

La crisis desatada por la explosión de casos habla de nosotros como sociedad, del sistema sanitario, de una comunidad con comorbilidades evitables y de las incoherencias políticas. ¿Qué aprendimos en la Pandemia? ¿Cuánto costaría vacunar a los grupos de riesgo?

El aumento exponencial de casos confirmados oficialmente, los cuatro riojanos lamentablemente fallecidos y la sensación de que todos tenemos alguien en la familia, un amigo o un compañero de trabajo atravesando el proceso del dengue, está provocando que en las mesas de los riojanos no se hable de otra cosa que de mosquitos y de repelentes.

En el país los casos muestran el brote más importante de la historia argentina, superando los 180 mil pacientes y con más de 130 muertes. Números que impactan y evidencian que estamos frente al problema sanitario más grande después de la Pandemia de 2020.

¿Hay responsabilidad del Estado en lo que está pasando? En una crisis de esta magnitud no hay ninguna posibilidad de que el Estado no tenga una responsabilidad. Y teniendo en cuenta que hace más de 15 años que convivimos de manera constante con este mosquito y sus implicancias en materia de salud, esta crisis atraviesa a las gestiones municipales, provinciales y nacionales actuales y también a sus antecesoras.

Ya sea porque las acciones realizadas no alcanzaron para prevenir lo que se venía o porque no se logró que la sociedad tome plena conciencia de la necesidad de un mayor compromiso en el cuidado de sus propias viviendas, lo que está ocurriendo expone de manera directa y concreta a las administraciones gubernamentales.

Los especialistas repiten hasta el cansancio que el mosquito vino para quedarse, que el cambio climático es tan abrupto que hasta existen casos autóctonos en localidades de la Patagonia que históricamente estuvieron exentas de este brote.

En ese marco, el Estado (en todos sus niveles) tiene y tendrá una cuota de responsabilidad mayúscula e ineludible.

Sin dudas que la ausencia de campañas de prevención, el no envío de material sanitario a las provincias, las confusas declaraciones del Ministro de Salud de la Nación y la subestimación del tema que realizó la “Casa Rosada” contrasta con la preocupación que viene mostrando el Gobierno provincial, pero eso no exime que todos están implicados y tienen responsabilidades en esta crisis.

Esta semana el ministro de Salud de la Provincia -Juan Carlos Vergara- adelantó en “Riojavirtual Radio” que el Gobierno riojano inició conversaciones con el laboratorio que produce la única vacuna contra el dengue que está autorizada en el país.

Aunque las charlas son incipientes, en la cartera sanitaria creen que se necesitaría vacunar a unas 40 o 50 mil personas, teniendo en cuenta los grupos de riesgo en términos etarios.

En ese marco y si las negociaciones con el laboratorio llegan a buen puerto y hay disponibilidad de la vacuna, las estimaciones más cautas indican que esa compra por parte del Estado provincial demandaría entre 7.000 y 8.000 millones de pesos para poder contar con las dos dosis necesarias por persona. Una pregunta lógica en este punto es por qué no se pensó en comprar las vacunas antes.

Y aquí también surge un elemento político que no podemos pasar por alto: somos una sociedad que mayoritariamente votó en las elecciones presidenciales una propuesta política que propone achicar el Estado a su mínima expresión, que la oferta y la demanda del mercado lo determinen todo.

Sin embargo, esos mismos votantes hoy le reclaman al Gobierno una respuesta ante la magnitud de la crisis sanitaria, esperan que se aplique de manera gratuita una vacuna que en el mercado privado significa casi un millón de pesos para una familia tipo. Inclusive, se quejan de la ausencia de repelentes y del precio que alcanzaron en el mercado desregulado las pocas unidades que se consiguen de ese esencial producto.

En términos políticos apostamos al libre mercado, la oferta y la demanda, creyendo que una mano invisible acomodará todo. Sin embargo, cuando sanitariamente la cosa se complica, el populismo y la intervención reguladora del Estado ya no suena tan mal.

Como toda crisis de esta magnitud tiene múltiples variables y responsabilidades, una de ellas nos corresponde a nosotros como ciudadanos.

Pasan los años y seguimos sin asumir la importancia de limpiar nuestros patios, de descacharrar, de no dejar que se acumule agua o de cuidar pérdidas hídricas que provocan espacios propicios para el desarrollo del mosquito.

En esa falta de compromiso con nosotros mismos no podemos responsabilizar a Javier Milei, Ricardo Quintela o Armando Molina. Recorrer los barrios de nuestras ciudades expone ver baldíos o basurales que son nuestra responsabilidad primaria y que no estamos cumpliendo.

Por otra parte, la pandemia de COVID19 expuso que en La Rioja la tasa de mortalidad fue más alta que en el resto del país. Más allá de todo lo que se debatió en aquel momento sobre las razones, un elemento en el que todos los especialistas coincidieron fue en la existencia de ciertas comorbilidades previas: como la mala alimentación, el sobre peso, la diabetes o el sedentarismo.

En ese sentido, las claves para enfrentar el dengue en términos personales incluyen los mismos elementos: una vida sana nos propendería de mejor manera para enfrentar el virus. Sin embargo, en estos años no se nota en nuestra población un cambio profundo en relación a la necesidad de tener hábitos de vida que justamente redunden en una mejor calidad de vida.

«En medicina dos más dos no es cuatro y están falleciendo por dengue pacientes que no tienen ninguna comorbilidad, pero en la mayoría de los casos ser una persona sana, alimentarse bien y hacer actividad física son claves que nos pueden ayudar al momento de enfrentar el virus», explicó un especialista consultado para este comentario.

Por ahora no logramos como sociedad hacer el click, cambiar mayoritariamente nuestros hábitos y costumbres.

Ayer fue el COVID, hoy el dengue y mañana puede ser otra epidemia o pandemia. En cualquiera de los casos hay acciones que podemos tomar para enfrentarla de una mejor manera. Y esa transformación nos involucra a todos. A los gobernantes, a los ciudadanos, al sistema educativo y a los medios de comunicación.

Pasaron cuatro años del comienzo de la pandemia de COVID19 y aquella promesa inicial de que saldríamos mejores de aquel aislamiento no termina nunca de ser una realidad.

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