El obispo Dante Braida consideró que la actividad puede traer «progreso a la provincia», pero a su entender «es clave acceso fácil y completo a toda la información» sobre los proyectos, incluido informes de impacto ambiental.
La Rioja es una provincia ultra dependiente de los fondos nacionales, más precisamente de la coparticipación, y hace años busca desarrollar actividades que tengan impacto en su recaudación, viene probando con el turismo pero su principal objetivo es avanzar en la actividad minera.
De hecho hay múltiples proyectos de exploración de litio y cobre en la provincia que lentamente comienza a gotear cosas positivas en las regiones donde se posiciona, con altos sueldos para vecinos del sector, inalcanzables en el Estado e incluso en muchos sectores del ámbito privado.
Pero en medio del objetivo del gobierno provincial de sentar las bases de una minería pujante en La Rioja que llevará muchos años, faltaba la voz de un actor importante y era la de la iglesia, que históricamente miró de reojo a la actividad, que es clave en la economía de provincias vecinas sin ir mas lejos como Catamarca y San Juan.
En ese contexto, el obispo Dante Braida fue claro al sostener que tiene claro que los diversos proyectos bien desarrollados «pueden traer progreso para la provincia».
Pero también puso sobre la mesa lo que considera que será determinante para cambiar la mirada de quienes aún desconfían de la actividad: «acceso fácil y completo a toda la información sobre los mismos, de los estudios de impacto ambiental como a las leyes que lo avalan».
Finalmente, reclamó controles exigentes al Estado y que garanticen que los proyectos se realicen «responsablemente» porque una ausencia de estos aspectos pueden traer «graves daños».
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