Si bien todo parece indicar que no habría desdoblamiento de elecciones en La Rioja lo que dará más tiempo de definiciones, el partido centenario debe determinar si jugará con lista propia o si irá en alianza y con quién: el rol de LLA, el PRO y partidos del centro.
El radicalismo riojano no tiene margen de error. Esta elección de medio término puede evidenciar que el músculo como partido opositor referente en La Rioja se desinfló o aún tiene algo de carretel para seguir dando pelea.
Lo que si tiene claro es que no pasa su mejor momento, por eso la estrategia electoral que decida definirá su suerte, ya sea para bien o para firmar un acta de defunción política al menos temporal.
Dentro del radicalismo todos son críticos del peronismo, pero también hay un ala con peso en el seno del partido que se muestra en las antípodas de los libertarios, encabezados por Inés Brizuela y Doria que es además vice primera de la UCR a nivel nacional.
Del otro lado está nuevamente Guillermo Galván, quien comulga con la LLA y de hecho es funcionario de la ministra de Seguridad de la Nación, Patricia Bullrich, y respalda irrestrictamente las políticas de Milei.
Es en ese contexto que el radicalismo debe definir si finalmente acepta una alianza con una LLA que hace tiempo viene sosteniendo que no está entre sus prioridades un acuerdo provincial con la UCR (pero no la descarta), si apuesta a espacios políticos del centro que no comulguen con el PJ ni libertarios o si realmente está dispuesta a ir con lista propia.
El objetivo de LLA es conseguir el paso de dirigentes a su espacio, como está haciendo con el PRO en otros puntos del país e incluso en La Rioja, donde la edil Luciana de León está más cerca de los conducidos por Martín Menem que del partido que aún tiene como presidente local al empresario Julio Saad, y no establecer alianzas o al menos generar compromisos.
De hecho LLA viene siendo muy crítica de la UCR en el plano nacional y por ahora ignora a sus integrantes locales, a excepción de quienes sí ya se pusieron la peluca. Es por ello que la decisión no es fácil, pero comienza el tiempo de descuento para definirse.
Desde la actual conducción del partido centenario en La Rioja sostienen que «no vamos a renunciar a nuestra identidad» y muestran como trofeo lo que consideran «un voto duro radical» que «garantiza un piso de 6 o 7 puntos» apetecible para cualquier espacio.
Del otro lado tanto libertarios como de partidos del centro lo minimizan, señalan que eso ya no existe, que el voto radical duro se dispersó, que migró a sectores que puedan darle pelea al PJ, que justamente no es la UCR y advierten que si van solos pasarán un papelón.
Ahora la UCR tendrá que definirse, a sabiendas que sus decisiones en un contexto político de polarización clara entre el PJ y LLA en La Rioja, donde los del centro sólo pueden soñar con una elección decente si se aglutinan en un solo espacio, será determinante para ellos.
Recordemos que este año La Rioja elige dos diputados nacionales y más de una docena de legisladores provinciales en los distintos departamentos. ¿La UCR jugará en todos los estamentos, jugará en lo local, jugará sola o en alianza, o no jugará? Estos interrogantes desvelan a los dirigentes del espacio.
El radicalismo sabe que no tiene margen de error y por ello analiza cómo encarar el 2025 electoral. Tras que el Congreso defina si hay o no PASO en extraordinarias, se esperan definiciones que determinarán si el corriente es un año donde renacerá de las cenizas o su crisis se profundizará a un punto de difícil retorno.
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