Son datos del INDEC que mostraron que se cortó una tendencia a la baja. A nivel nacional la suba de precios fue apenas mayor, quedó en 2,1% y en los últimos 12 meses ya se ubicó en el 33,8% en un contexto de fuerte retracción en el consumo.
La inflación volvió a mostrar una aceleración y se cortó la tendencia a la baja que se venía registrando en las últimas mediciones. En la región del NOA, que integra La Rioja, el índice fue del 2%, mientras que a nivel nacional alcanzó el 2,1%.
El dato genera preocupación por el impacto que tiene sobre el consumo y, especialmente, sobre los sectores de menores ingresos.
El docente universitario de la carrera de Ciencias Políticas de la UNLaR, Luis Herrera, analizó el escenario y sostuvo: “el número de la inflación no es bueno, el número no es bueno”. Según explicó, se esperaba que la medición fuera superior a la anterior y señaló que algunos de los principales aumentos se concentraron en esparcimiento y alimentos.
En el caso de los alimentos, el impacto es particularmente sensible porque se trata de gastos esenciales que las familias no pueden postergar. Para Herrera, cuando los precios llegan a un piso difícil de perforar, el incremento genera un fuerte impacto en el bolsillo y también malestar social.
El especialista también planteó las dificultades que enfrentan los comercios. Señaló que existen costos que ya no pueden reducirse, especialmente aquellos vinculados con cargas sociales y presión impositiva, lo que limita la posibilidad de seguir ajustando precios hacia abajo.
Herrera describió así un escenario de contrastes: “Una cuestión macro ordenada, exportaciones creciendo, una macro pasando un buen momento y una micro realmente caída”.
En ese contexto, también cuestionó el funcionamiento de las tasas de interés como herramienta para reactivar el crédito. Según explicó, si el crédito no se recupera, el costo financiero termina trasladándose a la economía y puede profundizar los problemas de mora.
El Gobierno enfrenta ahora un dilema: estimular el consumo para intentar recuperar la actividad económica, pero evitando que esa recuperación genere una nueva aceleración de los precios.
El riesgo, advierte el especialista, es que si ninguna de las dos variables logra mejorar, la economía pueda quedar atrapada en un escenario de estanflación, uno de los escenarios más complejos para la actividad económica y el empleo.
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