Promesas cumplidas pese a la pandemia, relación con Nación en su mejor momento y fuertes desafíos políticos y económicos para lo que viene. El principal, mantener el nivel de respaldo obtenido el pasado 14 de noviembre ya pensando en el 2023 electoral.
Recientemente la gestión de Ricardo Quintela al frente de la Casa de las Tejas cumplió dos años y la realidad es que el balance para el mandatario es positivo por donde se lo mire. En lo sanitario, político, económico y electoral.
Quintela basó sus primeros dos años de gestión en dos aspecto principales. El sanitario, obligado por la pandemia, pero apostó a que ello no golpee por ejemplo la obra pública, que con respaldo financiero de Nación, la llevó a todos los rincones de la provincia.
Planes de viviendas, avenidas, calles, energía, internet y parques para esparcimientos por doquier en este último año y medio. A ello un fuerte respaldo económico a un sector de la clase media riojana que nunca era tenida en cuenta por los gobiernos. Incluyó comerciantes y pymes principalmente, asistidos fuertemente con subsidios y créditos en el peor momento de la pandemia.
Obviamente, fiel a su estilo, el auxilio a los más necesitados tuvo un rol clave en la gestión Quintela. Pero además de aspectos alimentarios le imprimió asistencia en materia habitacional con planes para nucleos húmedos, ampliaciones y las tan esperadas viviendas sociales.
También cumplió con promesas electorales como el Boleto Estudiantil Gratuito, el servicio de transporte urbano Rioja Bus, la quincenita para los jubilados estatales y en 2021 dio un aumento superior al 50% a los empleados públicos que si bien nunca alcanza, le permitió a este sector no perder tanto poder adquisitivo en el año que termina.
Todo esto, ayudado por una oposición quebrada y su principal vidriera, la intendencia capitalina con conflictos permanentes y una falta de gestión visible, fue clave para que en las últimas elecciones legislativas el gobernador y su espacio, el Frente de Todos, literalmente arrase. El oficialismo lo sintió como un plebiscito de gestión que fue aprobado.
Ganó en los 18 departamentos de forma contundente, permitiendo que el oficialismo por ejemplo logre algo que no se daba hace décadas que es quedarse con todas las bancas en juego en el Congreso de la Nación. También recuperó el bastión electoral más importante, la Capital, aplastando a la oposición que perdió más de 10 mil votos.
Todo esto ya pasó, fue importante, pero el gran desafío de Quintela ahora es poder mantener esos logros. El ritmo de obra pública y también el respaldo electoral, entre otros aspectos.
No será fácil, además en un contexto económico y político a nivel nacional que se hace cada vez más complejo para el presidente Alberto Fernández, aliado clave de Quintela en sus primeros dos años de gestión.
Además, el riojano buscará ir aún más en lo político con una reforma de la Constitución Provincial que no implicará la vuelta de la reelección indefinida, pero si cambios profundos en un poder clave como el judicial.
Quintela tiene claro que debe avanzar con todo ello en lo inmediato. Ya que es hoy cuando acumula en fuerte poder político producto de todo lo dicho anteriormente. Dilatarlo sería un grave error. Quintela y su mesa chica lo sabe. Por ello pese a que en breve La Rioja se paralizará con el receso en el ámbito educativo y de los empleados públicos, no ocurrirá lo mismo con el ámbito político y menos en el oficialismo.
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