EL FIN DE UNA ETAPA. Por Mattías Meragelman

septiembre 25 07:01 2022

El anuncio de la no obligatoriedad del uso del barbijo en lugares cerrados marca el cierre de un periodo y abre la posibilidad de empezar a pensar qué nos pasó como sociedad en estos últimos dos años y medio.


Pan de masa madre, aislamiento, cuarentena, vacunas, contacto estrecho, ser positivo y barbijos eran palabras que tenían otro sentido en nuestro lenguaje habitual. Sin embargo, desde marzo del 2020 nuestra sociedad y el mundo entero comenzaron a vivir el proceso más complejo que les tocó atravesar a varias generaciones. 

Por su impacto económico, emocional, político y sanitario, no se puede dejar de mencionar que lo ocurrido fue muy significativo y que sus consecuencias todavía no las vemos plenamente.

Cuando esta semana se anunció que el barbijo dejó ser obligatorio en los lugares cerrados, una etapa llegó a su fin y la posibilidad de comenzar a pensar qué nos pasó es una tentación periodística válida.

En materia sanitaria sin dudas que el gran logro es que no faltaron camas o respiradores. Las imágenes con lo queque ocurría en los principales países europeos o en New York en los primeros meses del 2020, presagiaba lo peor para cuando la ola del virus impactara plenamente en nuestro país. 

Sin dejar de mencionar el dolor por las miles de vidas perdidas, la pandemia se desarrolló en Argentina con atención médica, con un Estado presente y con la campaña de vacunación gratuita más grande de la historia de nuestro país.

En el aspecto negativo, los Gobiernos cayeron prisioneros de sus propias deficiencias. 

Con fiestas de cumpleaños en la “Residencia de Olivos” cuando estaba prohibido o vacunatorios de privilegios que golpearon de manera directa la credibilidad de nuestra clase dirigente. Y sin soslayar que las condiciones de nuestros hospitales o los salarios de l@s trabajadores de la salud mejoraron, pero siguen siendo temas estructuralespendientes en Argentina.

Mientras tanto, también hubo referentes de la oposición que llamaban a romper la cuarentena en medio de la explosión de casos. Existió mucha gente de ambos lados de la grieta que no estuvo a la altura de las circunstancias.

En lo económico es muy interesante pensar lo que pasó de cara a los debates que se vendrán.  

El Estado nacional y provincial salieron a financiar de manera directa los sueldos de l@s trabajadores privad@sformales e informales, otorgando créditos blandos a empresas y emitiendo dinero como pocas veces se había visto. Porqué cuando todo se cayó y la economía del mundo se desplomó, “la mano invisible del mercado”mutó en “el brazo armado de la intervención estatal” y recibieron recursos públicos much@s de los que después claman por el libre juego de la oferta y la demanda. 

Es un proceso histórico que no deberíamos olvidar en las próximas décadas cada vez que volvamos a discutir sobre economía.

La incoherencia que nos caracteriza como sociedad tampoco estuvo ausente en esta etapa.

El reclamo válido a la clase dirigente por sus falencias y errores, ocurría mientras la mayoría de la sociedad no cumplíamos plenamente con las restricciones de aislamiento que se nos planteaba. Tuvimos la capacidad de encontrar errores en polític@s, vecin@s y amig@s, perono pudimos aplicarla a nuestras propias acciones.

En ese sentido, no se puede dejar de marcar que los medios de comunicación caímos en una de nuestras peores expresiones. 

La desesperación por la primicia nos llevó a “informar” datos que no habían ocurrido, con el agravante de nuestra incapacidad para reconocer que no teníamos certezas sobre lo que estaba pasando (como no las tenía nadie). En nuestro caso no saber admitir esa falta de información y exponer públicamente como verdad aquello que en realidad era una duda, se volvió un error recurrente que solamente sirvió para alimentar la incertidumbre y el miedo de la comunidad.  

El ser humano muchas veces naturaliza lo doloroso para evitar pensar profundamente sobre lo que le pasa. A nosotr@s se nos volvió habitual todas las noches hablar de fallecid@s, contagiad@s, camas ocupadas, cuántos respiradores quedaban, quién podía salir a la calle y quién no. Naturalizamos hablar de la muerte, uno de nuestros mayores miedos y tabúes.

En ese marco, la famosa nueva normalidad no fue gratis en términos emocionales. Y hoy es notable el crecimiento de las consultas psicológicas o el incremento de la necesidad de recurrir a psicopedagog@s para acompañarlos procesos educativos de niñ@s y adolescentes que estuvieron meses sin tener clases de manera presencial.

La idea original -romantizada en aquellas convulsionadas primeras semanas- era que de la cuarentena saldríamos mejores, cocinando pan de masa madre, aplaudiendo a las 21hs. y estudiando cursos de idioma que teníamos pendiente. Dos años y medio después la respuesta tajante es que no fue así. La pandemia fue la expresión de lo que ya éramos antes, potenciado por el encierro, el miedo y la incertidumbre. 

De lo que no queda dudas es de que salimos condicionad@s. El tiempo del barbijo quedará en nuestras memorias colectivas como una marca indeleble que nos acompañará por muchos años más.

Este texto no pretende cerrar el debate sobre el impacto de la pandemia, primero y principal porque claramente no terminó. Y también por la cercanía en el almanaque de los hechos, será necesario que transcurra un poco más de tiempo para poder terminar de procesar los impactos que este proceso tuvo y las consecuencias que tendrá.

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