Balances, compromisos sociales y mandatos de felicidad generan presiones que inciden en nuestro equilibrio emocional. La trampa de la productividad y de la autoexigencia potenciadas desde las redes sociales. Claves para ajustar expectativas y priorizar el autocuidado.
Se viene fin de año y todo parece ser a contrarreloj. Los balances, los trámites pendientes que debemos resolver sí o sí antes del 31 de diciembre (o que creemos que debemos resolverlos antes de esa fecha), los actos de fin de año de los hijos, el traje que hay que comprarles para esos actos, las juntadas con amigos o con compañeros de trabajo. Todo se vuelve un combo muy difícil de manejar donde el estrés escala cada vez más y donde la ansiedad y el cansancio extremo parecen ganar por goleada esa pulseada. La presión interna y social se vuelven insostenibles.
Jorge Guillen, médico psiquiatra, habló con Riojavirtual Radio sobre todo el impacto que significa la proximidad de fin de año y las interminables actividades que queremos o tenemos que hacer.
«Un punto a tener en cuenta es que la gente no está cansada por este último mes sino que son microtensiones o macrotensiones acumuladas durante todo el año. Cuando más agotados estamos, vamos perdiendo la capacidad de planificar nuestras actividades y nuestras tareas y eso hace que sintamos que cada vez llegamos menos con todo, cada vez nos cuesta más llegar con cumplir con todo», afirmó.
Guillén habló luego sobre las actividades de fin de año. «Pasa algo particular a fin de año. Muchas instituciones donde tenemos trámites pendientes para hacer empiezan a cerrar, sabemos que se nos acaba el tiempo y también pasa que hay muchos cierrres, cierres de actividades en las escuelas, actos, cierres en el trabajo, grupos de amigos que se quieren juntar. Entonces a la falta de tiempo, a la fatiga y a la dificultad para planificar se agrega esto de que todo el mundo nos demanda cosas todos al mismo tiempo», señaló.
El especialista habló entonces de la exigencia y sus dos planos. «Por un lado tenemos la autoexigencia y también la exigencia que suponemos que los demás esperan de nosotros y esta última es peor carga que tenemos. En un mundo en el que cada vez más se valora la productividad, cuánto el otro llega al éxito, vivimos en un mundo que todo el tiempo te dice que el éxito es producir, que el éxito es ser eficiente, alcanzar logros y mostrarlos. Pero en realidad, todo eso depende mucho de cómo cada uno se toma la realidad que tiene», indicó.
En este punto, Guillén advirtió sobre la influencia de las redes sociales y el impacto negativo que tiene para la presión interna y la autoexigencia. «Las redes sociales nos exigen estar felices, estar preparados y predispuestos, es una concepción capitalista que te dice que esa es la forma de ser feliz pero en realidad es la forma en que nos pongamos el chip de la productividad todo el tiempo», sostuvo.
Además, alertó sobre otro factor de presión que sucede a fin de año y que son los gastos extras que no están otros meses del año: las fiestas de fin de año, los gastos que implican los actos de nuestros hijos en la escuela, son algunos de los más estresantes.
«La clave está en cómo nos exigimos, en tener en claro qué nos demanda. Hay que preguntarse las expectativas de quién queremos cumplir, las mías o las de los demás», completó.
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