LA DEMOCRACIA ENFRENTA SU MAYOR DESAFIO

LA DEMOCRACIA ENFRENTA SU MAYOR DESAFIO
mayo 29 10:11 2022

Nos salimos de la coyuntura política y pensamos a la democracia. El relato inicial que no pudimos cumplir, las libertades que naturalizamos y los fracasos de la democracia que sirven de excusa para los fracasos individuales. Por Mattias Meragelman.


Raúl Alfonsín es el padre de la democracia y como buen tutor de aquellos años, marcaba el camino con frases grandilocuentes: «Con la democracia no solo se vota, sino que también se come, se educa y se cura». Luego de la tragedia de los años oscuros del genocidio, el ex presidente expuso durante su gestión una valentía política clave para entender el periodo más extenso de democracia plena de la historia de la República Argentina. 

Sin embargo, ese relato inicial (con un candidato que repetía de memoria el Preámbulo de la Constitución nacional) nos marcó y generó una expectativa que la democracia nunca pudo cumplir del todo, en gran parte por la forma de actuar de la clase dirigente y en parte porque era imposible de satisfacer plenamente tanta expectativa.

A lo largo de estos casi 40 años la democracia fue desafiada por los movimientos carapintadas en los ´80 y principios de los años ´90 y también por una profunda crisis de representación que marca actualmente el vínculo con la dirigencia en general.

Sin embargo, el desafío actual es diferente.

Este desafío viene desde sus entrañas, viene desde el propio pueblo, la gente, l@s ciudadan@s o como nos guste denominarlos. No es un agente eterno o un hecho puntual como la crisis del 2001 con sus cacerolas los que ponen en discusión al sistema, es la propia comunidad que lo integra. Y por ello es tan complejo el escenario.

Más allá del nombre que le pongamos, el drama actual está centralizado en que una gran parte de la sociedad asocia la palabra política con los fracasos colectivos que venimos acumulando. Y esa asociación la extiende al sistema en sí, provocando un profundo descreimiento en el mecanismo democrático como solución a los problemas que tenemos.

En este punto se debe ser claro en algo: el enojo de la sociedad con la clase dirigente no es infundado.

Solamente por mencionar algunos puntos: los niveles de pobreza son inentendibles en un país como Argentina que produce alimentos para 10 veces su población, algun@s dirigent@s no pueden explicar sus estilos de vida, la inflación está entre las más altas del mundo desde hace décadas, llevamos años de promesas incumplidas, los medios de comunicación no estamos a la altura de las circunstancias y hacemos periodismo solamente para el público que ya piensa como nosotr@s y existe un sector empresario que la mayoría de las veces privilegia sus propias especulaciones por encima de cualquier otro interés.

Por la dinámica de la política en los últimos años, se puede caer en la tentación de creer que el conflicto está centrado en “Los libertari@s”, pero sería una simplificación que limitaría el tema a una propuesta electoral. Y en realidad ese espacio político es por ahora una expresión más dentro del sistema, porque aspiran a llegar el poder por medio de las mismas reglas. Se nutren de esa decepción generalizada hacia la política, pero siguen siendo parte del sistema.

A todos los fracasos que la democracia viene expresando a lo largo de los años y que son reales, una gran parte de la sociedad los extiende a la justificación de sus propios fracasos individuales.

Una pareja que no funciona, un empleado que no cumple con sus tareas, una amistad que se rompe y hasta un partido de fútbol que no tiene el resultado esperado, terminando siendo sublimados en el enojo hacia el sistema de Gobierno.

Aunque suene ridículo y forzado, pareciera que el no logro de los objetivos y las expectativas propuestas como país, lleva a la construcción de un inconsciente colectivo en el cual hasta una balanza que no da el peso deseado es responsabilidad de la política. 

Si el eje de este texto tiene razón y existe una frustración colectiva con respecto a la democracia como excusa de fracasos que le son propios y de otros que no son de su responsabilidad. Entonces estamos hablando de sentimientos y contra los sentimientos los argumentos tienen una pelea despareja.

La mejor forma de salir de un conflicto es por arriba, con ideas superadoras, partiendo de entender en profundidad los inconvenientes para poder llegar a mejores soluciones. Nos tendremos que hacer cargo tod@s un poco de los que nos toca.

Cada uno con su nivel de responsabilidad, porque no es igual la función de un presidente que la de un docente, empleado de comercio o trabajador de una fábrica, pero si el docente o el empleado administrativo no se comprometen en la pelea, no alcanzará con buenos dirigentes. 

En términos objetivos podríamos afirmar que vivimos en un país mucho mejor que en 1983: la esperanza de vida promedio pasó de 69 a 77 años, la mortalidad infantil bajó de 29,7 a 9,7, la revolución tecnológica se extendió, el reconocimiento de derechos civiles es más amplio que hace cuatro décadas, las conquistas de la “Marea verde” son un gran logro y las libertades individuales están garantizadas como nunca desde 1810 en adelante.

La democracia no es solamente un sistema de Gobierno, es también un estilo de vida. Es decir, que no solamente se trata de elegir gobernantes mediante el voto, sino que también incluye la necesidad de convivir con otr@ que piensa diferente y respetarlo.

Poder elegir la música, la forma de vestirnos, el corte de pelo, nuestra sexualidad o expresar nuestras ideas es desde hace cuatro décadas algo normal y es quizás la mayor virtud del sistema democrático. Aunque a veces naturalicemos la vigencia de esas libertades, al repasar los 212 años de historia nacional, en la mayoría del tiempo esas libertades no estuvieron garantizadas como hoy. No es poco lo que hemos logrado en estos casi 40 años.

Sin embargo, este no es un debate sobre objetividades sino sobre subjetividades. Y si el inconsciente es un lugar lleno de deseos y con una lógica propia, el inconsciente colectivo es lo mismo, pero multiplicado por 47 millones.

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