La fascinación por lo nacional frente a lo local es una marca sociológica que nos define. Una grieta de más de 200 años que legitima todo lo externo en detrimento de lo propio. ¿Hay algo particular de La Rioja? La derrota cultural más allá de lo económico.
Faltan cinco minutos para las ocho de la mañana y ellos dos charlan en la puerta de la escuela como si el timbre que suena de fondo no fuera para que ingresen a la formación. El más alto debe tener once años, el más bajito no pasa los nueve.
El más alto le pregunta si vio que anoche una cadena nacional de deportes pasaba imágenes de La Rioja y de la gente acampando para ver a Boca en el “Estadio de Vargas”, el más pequeño contesta que sí (sin lograr ocultar la tremenda emoción que le provoca el tema). Y entonces, el más grande larga una frase tan profunda como breve: “Ahora por fin La Rioja existe”.
Para ese nene de once años el lugar donde vive comenzó a existir cuando un canal de televisión de Buenos Aires dijo que algo pasaba en esta provincia y que ese algo merecía minutos en esa pantalla.
Aunque crecimos creyendo que los niñxs siempre dicen la verdad, su afirmación esconde mucho más que una verdad o una mentira, refleja el pensamiento de miles de riojanxs para lxs cuales La Rioja solamente existe cuando el puerto lo dice. A veces parece que en nuestro imaginario colectivo la Provincia existe cuando otrxs dicen que existimos.
Este texto corre el riesgo de realizar un reduccionismo, de presentar como colectivo algo que solamente ocurre en casos aislados.
Sin embargo, hay expresiones que usamos en sentido positivo y que forman parte de nuestro acervo cultural cotidiano, expresiones que parecen confirmar la tesis principal de este comentario.
“Ese programa de radio parece de Buenos Aires”, “Vos sabés que el médico de Córdoba me dijo lo mismo que los de acá”, “Es hermoso el local, parece de Buenos Aires o Córdoba” o “Es que él estudió en Tucumán”. Todas afirmaciones que usamos para expresar que algo externo es mejor que lo local.
Más allá de lo social, lo cultural y lo económico, hay un elemento matemático que no se puede pasar por alto al reflexionar sobre este tema. En una ciudad de 10 millones de habitantes hay más posibilidades estadísticas de que exista un Messi, un Favaloro o un Piazzolla que en una localidad de 230 mil pobladores.
Pero esa verdad matemática tampoco implica que todo lo generado por esos 10 millones de ciudadanxs sea necesariamente mejor o más importante que lo producido por los 230 mil habitantes, o que los problemas de esa gran urbe deban ser vividos como propios por todo el resto del país.
Inclusive, por ese mismo razonamiento matemático: debe ser más sencillo pertenecer a una minoría sexual en Palermo que en La Rioja, ejercer el periodismo en una ciudad donde no te cruzas varias veces por semana con los protagonistas de la noticia que narraste o separarte de tu pareja sin tener que verla habitualmente en el centro de la ciudad.
Es notable lo informado que lxs riojanxs estamos de los problemas de CABA y no de los de La Rioja. Saber que se cortó la avenida “9 de julio”, mientras que no estamos al tanto que “Riojabus” no va más al “Parque de la ciudad” desde hace dos semanas, conocer los equipos de la “Primera B metropolitana”, pero desconocer los nombres de los conjuntos que están en la primera división de la Liga Riojana de Fútbol. Solamente por mencionar dos situaciones.
Está que los medios de CABA cuentan las noticias locales como si fueran nacionales y tienen una notable influencia en la agenda mediática del país, pero sería interesante comenzar a pensar qué nos pasa como sociedad con este tema. No son solamente los medios, hay también un componente cultural/social.
¿Hay un sentimiento de inferioridad colectiva que transmitimos de generación en generación desde hace siglos? ¿Nuestra dependencia económica del puerto genera este proceso cultural? ¿La ciudad Capital de La Rioja repite el mismo proceso con las poblaciones del resto de la Provincia? ¿Somos federales en la declamación y unitarios en la realidad?
O quizás pensar que no hay nada especial entre los riojanxs, porque lo mismo pasa con lxs argentinxs que viven admirando Europa o Estados Unidos, sin poder darse el tiempo o el espacio para disfrutar o valorar lo propio, viendo en otras orillas idealizaciones que no toman en cuenta defectos o problemas que esos lugares tienen.
Es cierto que ya fue planteado muchas veces que el país se constituyó desde 1853 en adelante con una Constitución que fue federal en su articulado, pero unitaria en el desarrollo de la economía nacional. Y con el correr de las décadas ese proceso se profundizó.
Quizás vemos la batalla del “Pozo de Vargas” como una derrota militar que nos condicionó en lo económico, pero a lo mejor “Los Coroneles de Mitre” también implicaron un sometimiento cultural que llega hasta nuestros días.
Cuando se realizan este tipo de planteos es tentador caer en el chauvinismo de lo local y este comentario pretende todo lo contrario. No se trata de incluir o excluir por dónde nació cada unx de nosotrxs, ni de negar características positivas que las grandes ciudades del país tienen. No es la demagogia de ensalzar lo nuestro lo que se busca poner en discusión.
Mucho menos retroceder a las peleas estériles que nos dividieron durante gran parte del siglo XIX, porque hay una grieta que va mucho más lejos en el tiempo que “peronchos” y “gorilas”.
La búsqueda en este espacio es la necesidad de asumir todos nuestros problemas económicos, educativos, políticos y sociales, para comenzar a discutir quiénes somos, por qué somos como somos y cómo podemos mejorar.
Esos dos nenes que charlan en la puerta de la escuela emocionados porque Boca vino a su provincia, parecen más entusiasmados porque el país se enteró que La Rioja existe que por ver al equipo de sus amores.
¿La Rioja existe? Sí, pero como planteó Descartes, para existir hay que pensar.
Y quizás debamos pensarnos un poco más, para entender quiénes somos, que nos diferencia de otros lugares y por qué no somos ni más ni menos que nadie. Hay una historia provincial que lleva varias centurias, no cambiará fácilmente, pero es necesario empezar a discutirla.
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