El Gobierno se planteó dos objetivos con la moneda provincial: uno se alcanzó y el otro no. ¿Qué pasará después de diciembre? ¿Habrá serie B de BOCADE? ¿Cuántos bonos fueron cambiados por pesos? Los números del proceso económico y monetario.
Parece que pasó mucho más tiempo, pero siendo estrictos en las cifras desde enero hasta hoy solamente transcurrieron once meses. En aquel verano en donde comenzábamos a entender cómo sería el primer gobierno libertario de la historia de nuestro país, la gestión provincial sorprendía a la agenda mediática/política nacional anunciando la implementación de un Bono que se denominaría “Chacho” y que tendría vigencia hasta el 31 de diciembre de este año.
La serie “A” de los Bonos de Cancelación de Deuda (BOCADE) tendría una emisión total de hasta el equivalente a 22.500 millones de pesos, porque esa sería la cantidad de dinero que estaría depositada en el estatal Banco Rioja por parte del Gobierno como forma de respaldo de la emisión. Cada comerciante podría cambiarlo por pesos 48 horas después de receptado el Chacho a su cliente.
Desde agosto pasado esa ley dejó de ser una norma abstracta y se transformó en una moneda provincial concreta, que primero fue usada solamente por los funcionarios y que luego se extendió a todos los empleados públicos mediante un extra de 50.000 “Chachos” que están cobrando desde hace algunos meses.
Aunque nunca lo dijo explícitamente, los objetivos de la “Casa de las Tejas” con esta propuesta monetaria provincial fueron dos: mejorar el poder adquisitivo de los trabajadores estatales ante el proceso inflacionario y generar independencia de las arcas provinciales del Estado nacional. El razonamiento era bastante sencillo, por cada peso que podían pagar en salarios con recursos propios, el impacto del ajuste libertario sobre las cuentas provinciales sería mucho menor.
Un objetivo se logró, el otro no.
Lo que sí pudo alcanzar el Gobierno provincial fue que los “Chachos” sean utilizados masivamente y que el canje por parte de los empresarios/comerciantes se desarrollara de manera casi óptima (mejor en Capital que en el interior provincial). De hecho, no existieron comercios que aceptaran la moneda provincial a una cifra menor al mencionado uno a uno con el peso ni tampoco se extendieron las casas de cambio como pasó en otros momentos de la historia que se implementaron monedas provinciales.
El “Chacho” permitió una mejora del consumo y así lo expresó el propio Centro Comercial en cada oportunidad en la cual fueron consultados por este tema. La gente no ahorró en la moneda provincial, la gastó en cualquiera de los rubros que tuvo disponibles y eso impactó en un aumento del poder de compra de los estatales.
En ese sentido, una pregunta y su obvia respuesta exime de mayores análisis sobre este aspecto del proceso económico. El Gobierno solamente confirmó que el pago de este extra seguirá hasta diciembre: ¿El empleado público promedio se pondría contento o triste si desde enero ya no cobra más ese bono de 50.000 “Chachos”?
Sin embargo, el principal problema que enfrentó el BOCADE es que los comerciantes mayoritariamente los cambiaron por pesos.
Aunque no existen cifras oficiales, hasta el pago del extra del mes pasado se estimaba que el Gobierno había emitido poco más 11.000 millones de “Chachos”, de los cuales hasta este fin de semana el 75% ya habían sido cambiado por pesos.
Y allí surge el principal escollo que el Estado provincial no pudo superar: los empresarios mayoritariamente cambiaron la moneda provincial por pesos porque necesitaron pagarle a sus proveedores “extranjeros”. En ello tuvo un impacto específico un elemento estructural de la economía riojana: la mayoría de los bienes que consumimos se compran fuera del territorio provincial.
Esa realidad cambiaria generó que el Chacho nunca se transforme en una moneda de circulación interna que reemplace al peso. De esa manera, el Gobierno provincial quedó condicionado a siempre tener disponibles pesos como reemplazo de los BOCADE y no pudo disminuir su dependencia de los recursos que llegan desde la “Casa Rosada”
En ese contexto, la gran pregunta que surge es qué pasará después de diciembre.
Hace unos meses el gobernador Ricardo Quintela confirmó que los “Chachos” seguirían como un bono por 50.000 BOCADE hasta fin de año.
“Podríamos lanzar una serie B, pero la verdad es que todavía no hay nada hablado”, comentó uno de los funcionarios que mira el almanaque de manera permanente y que sabe que el 31 de diciembre no solamente cambia el año.
Es que en esa fecha vence la vigencia de la actual serie de Bonos y el Gobierno provincial está comprometido por la ley provincial sancionada en el verano a pagar un 17% extra en pesos a todos aquellos comerciantes y empresarios que tengan BOCADES en su poder.
Es decir, ese 25% de Chachos que están circulando en manos de comerciantes desde el primer día del 2025 valdrán más y el Estado tendrá que abonar esa diferencia con más pesos. 1.000 BOCADES significarán 1.117 pesos.
¿Tiene la provincia el respaldo para lanzar una nueva serie con la seguridad de poder financiar su canje como ocurrió con la serie A? Esa es la pregunta central y de cuya respuesta dependerá si los estatales seguirán contando con un extra de 50.000 Chachos/pesos o pasarán al olvido.
Otro elemento que se debe poner en agenda es la necesidad de mayor información pública sobre el tema.
No existe un registro oficial de cuántos Chachos se cambiaron, de cuántos pesos quedan disponibles en el depósito bancario del Estado ni tampoco de cómo se financiará la devolución posterior al 31 de diciembre. ¿Tiene la Provincia un colchón financiero en pesos para poder lanzar una nueva serie de bonos? Estamos hablando de fondos públicos y saber cómo, cuándo o cuánto son preguntas que deberían estar clarísimas en sus respuestas.
El próximo martes será feriado provincial porque se cumplen 161 años del asesinato de Ángel Vicente Peñaloza. El caudillo que jugó a estar y no estar, la pareja de Victoria, el mismo que se pregunta si después de diciembre seguirá siendo parte de la vida cotidiana de la economía riojana.
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