Se cumple el primer año de gestión libertaria. Una economía con indicadores negativos, pero con encuestas que coinciden en expresar mayoría de apoyo social al presidente. 365 días en donde el PJ riojano no rompió “la lógica de responsabilidades”.
El próximo martes se cumplirá el primer año de gestión del presidente Javier Milei. Una experiencia inédita por el proceso político que se fue construyendo a lo largo del tiempo.
En tres años se transformó un economista panelista en la televisión en mandatario nacional y con un recorrido también único en las formas, porque nunca habíamos vivido un estilo de gestión marcado por expresiones públicas de una virulencia como no tuvo ningún otro presidente argentino desde el retorno de la democracia.
En ese contexto, termina un año en donde el poder adquisitivo de los riojanos se desplomó, pero el apoyo popular al mandatario nacional se mantuvo. ¿Las razones? Como siempre en los procesos sociales son múltiples y confluyentes.
El Gobierno nacional muestra como el gran logro de su gestión la disminución del proceso inflacionario y eso es real. La Rioja -al igual que el resto del país- presenta los valores inflacionarios mensuales más bajos de los últimos años. Y eso es valorado ampliamente por muchos riojanos.
Sin embargo, la realidad es que todavía no nos recuperamos del sacudón devaluatorio del comienzo de la gestión presidencial. La inflación disminuyó en los últimos meses, pero los salarios nunca se recuperaron del daño que provocó en su poder adquisitivo la devaluación del 118% aplicada cuando Luis Caputo asumió como ministro de Economía.
Los bienes aumentan sensiblemente menos en su valor nominal y hasta comienzan a aparecer algunas posibilidades de compra con financiamiento a seis meses, pero los sueldos todavía siguen estando por debajo de su capacidad de consumo que tenían en noviembre del 2023.
El primer año de gestión de Javier Milei es contundente en términos económicos en La Rioja y la caída del poder adquisitivo se muestra en diferentes datos.
El consumo de carne está un 25% por debajo de 2023, el empleo registrado en el sector privado provincial cayó entre 10 y 12 puntos y aumentó la desocupación (pasó de 4,1% al 6,5% en la ciudad de La Rioja).
Un apartado especial merece la generación de nuevos pobres durante este Gobierno nacional. Según los datos oficiales del INDEC la pobreza llegó en la ciudad de La Rioja al 66,4% (se encontraba en el 51,6%) y la indigencia afectó al 15% (en la anterior medición golpeaba al 9,7% de los capitalinos). No son números, son riojanos que no se están alimentando correctamente.
Eso sin mencionar los jubilados que perdieron cobertura de medicamentos por parte del PAMI o que no se construyó ninguna vivienda más con financiamiento nacional ni una escuela ni un jardín de infantes. Acciones que de manera indirecta también afectan el poder adquisitivo.
Una de las claves para entender por qué a pesar de esa realidad el Gobierno nacional mantiene amplios niveles de apoyo en las encuestas, es que el peronismo provincial no logró romper la lógica de la responsabilidad sobre lo que está pasando.
Mayoritariamente los riojanos viven peor que hace un año, pero no canalizan su enojo hacia la Nación por esa situación, la orientan hacia la esquina de 25 de mayo y San Nicolás de Bari.
Ese proceso tiene un primer elemento a considerar y es el tiempo de gestión. El Justicialismo gobierna hace 41 años en la Provincia y “La Libertad Avanza” desde hace 365 días en el país. Lógicamente por una simple cuestión de almanaque el ciudadano promedio vincula su realidad con las cuatro décadas de gestión peronista.
Y en ese sentido, hay otro elemento que ya se mencionó muchas veces pero que es ineludible al analizar este primer año de gestión: la falta de credibilidad.
Los números oficiales del Gobierno nacional indican que los problemas que la economía ya presentaba en diciembre de 2023 se profundizaron, pero una gran mayoría de la población entiende que el problema principal es la administración de los recursos y la ausencia de transparencia.
Existe una creencia/certeza extendida dentro de la comunidad de que hay dirigentes que no pueden justificar su nivel de vida, vehículos o propiedades y que ello se vincula de manera directa con la pésima calidad de los salarios riojanos.
En La Rioja se continúa subsidiando el valor de la energía eléctrica, la tarifa del transporte público es la más barata del país, se construyen viviendas con fondos provinciales o se aumentan los sueldos en el Estado provincial mientras que a nivel nacional se redujo la planta de trabajadores cerca de un 13%.
Sin embargo, esas medidas en este contexto de un clima social de profunda crisis de representación no impactan en el imaginario colectivo.
La casta no es en La Rioja un concepto abstracto sino un proceso con nombre y apellido, provocando que el discurso presidencial de responsabilizar a la dirigencia tradicional de los problemas de la comunidad cale hondo en amplios sectores sociales que aceptan el feroz ajuste del Estado nacional detrás de su profundo malestar y decepción con el oficialismo provincial.
“El bolsillo es el órgano más sensible de los seres humanos”, parafraseó hace un par de semanas el presidente de la Nación en uno de sus habituales encendidos discursos. La realidad de este primer año de economía libertaria marcaría que no es tan así.
12 meses de aplicación de la teoría austríaca nos expuso a todos a una pérdida muy significativa del poder adquisitivo. El ajuste y el déficit cero no lo pagó la casta.
Sin embargo, una amplia mayoría de la sociedad parece dispuesta a seguir apoyando a la gestión nacional. ¿Por qué ocurre eso? En cualquier hecho social hay múltiples factores, pero sin dudas el malestar acumulado en estos años contra el peronismo a nivel local y nacional es una de las claves.
Con algunos elementos particulares de este proceso histórico y otros que son el resultado de mucho tiempo de acumulación de frustraciones colectivas, cumplimos nuestro primer año en Libertad.
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