‘PRIORIDADES’

marzo 06 10:19 2022

La ampliación de planta de funcionarios del municipio, empresas estatales de transporte subsidiadas o la colecta de Maratea por incendios en Corrientes esconden el mismo trasfondo: la crisis de representación. La necesidad de pensar política frente a parte de la sociedad que se informa por memes que confirman prejuicios.


Por Mattias Meragelman

En la sociedad de las primeras décadas del siglo XXI en Argentina hay muchas más libertades individuales garantizadas que hace 50 años. En lo político, en lo sexual y en lo religioso hay más reconocimiento de la otredad que hace un par de décadas.

Sin embargo, en paralelo, enfrentamos un proceso de profundización del distanciamiento de la comunidad con su clase dirigente. Cada día que pasa es más evidente que una gran parte de la comunidad no cree que la dirigencia represente sus intereses. Lo que desde hace años denominamos como la crisis de representación. En este punto no se puede ser inocente.


Promesas de campaña incumplidas, algunos dirigentes con niveles de vida muy por encima de lo lógico, sindicatos que no defienden a sus trabajadores, un Poder Judicial que no muestra un distanciamiento del poder político o medios de comunicación que priorizamos los propios intereses económicos a la agenda periodística, fuimos horadando la confianza de la comunidad. Una comunidad que hoy nos mira de reojo y con un profundo descreimiento.


En las últimas semanas se pueden mencionar ejemplos concretos de este proceso. El municipio de la Capital realizó una ampliación de la planta de funcionarios. La información fue denunciada por el bloque de concejales peronistas, quienes mencionaron que el Ejecutivo municipal pasó de 250 a 514 cargos políticos. Ese mismo dato también fue reconocido el año pasado por la entonces secretaria de Gobierno comunal, Teresita Luna (quien entonces aseguró que habían pasado de 250 a 410).

Y en el mismo sentido se puede mencionar que el Gobierno provincial lanzó en el último mes una línea aérea de transporte que arranca con un profundo déficit de funcionamiento y con pocos pasajes vendidos. “Alas Riojanas” vino a resolver un problema de vinculación con CABA que se podría haber solucionado con una mayor presencia de Aerolíneas Argentinas en la Provincia.

En ambos casos los Gobiernos dan argumentos. El municipio dijo que es un reacomodamiento de la estructura del organigrama comunal y el Gobierno provincial mencionó la existencia de la necesidad de una mayor comunicación con la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, que a su entender debe ser subsidiada por el Estado.

Más allá de las cifras y la rentabilidad, el debate es otro: ¿La sociedad les cree en sus argumentos? ¿Cree la comunidad que es prioritario el gasto que determinaron realizar?

Mientras tanto, Santiago Maratea realizó una gran campaña solidaria para combatir los incendios en Corrientes, pero el punto no está ahí. Todo lo recaudado por este gran joven equivalía a lo mismo que el Estado nacional gastó en Corrientes solamente en un día en uno solo de sus programas contra el incendio. Un filántropo no puede reemplazar económicamente al Estado, pero si poner en evidencia la crisis de confianza. La reflexión final es un poco obvia.

Ante la escasez de recursos un Estado debe invertir en aquello que considere prioritario y eso es parte de un programa de Gobierno, que la sociedad vota cada dos años en elecciones legislativas o ejecutivas. Pero en el medio está la legitimidad, la confianza de la comunidad en sus representantes.

Emergentes políticos como los libertarios de Javier Milei o campañas como las de Maratea dicen mucho de la política argentina. La escritora Gabriela Oliván plantea en su último libro “Comunicación 5.0: del impacto tecnológico a la colaboración”: “Las personas nos informamos dentro de pequeños micromundos y construimos la realidad a partir de esa percepción”.

En esos micromundos, llenos de prejuicios e ideas previas que condicionan toda nuestra lectura de la realidad, la crisis de representación navega cómodamente. Porque una empresa estatal que debe ser subsidiada, la ampliación de la planta de funcionarios o los incendios en Corrientes, funcionan como acontecimientos ratificadores del enojo que una parte de la sociedad ya tiene previamente establecido.

No es fácil la tarea que tienen por delante los Gobiernos. Vivimos en una sociedad en donde la mayoría de la población se informa por redes sociales y en donde los memes se transformaron en piezas comunicacionales de un altísimo impacto político.

Sin embargo, ese proceso de reconexión con esos sectores enojados de la comunidad solamente comenzará a darse cuando la dirigencia política acepte que existe el problema. Si siguen atrapados en la lógica de que todo es una operación de prensa, creyendo que los problemas de sus administraciones son solamente responsabilidades de otros o analizando que las políticas públicas se definen por cantidad de me gusta en twitter, terminarán siendo prisioneros de su propio distanciamiento social.

Solamente más política, más Estado y más transparencia les permitirá romper los micromundos de los que habla Oliván, y entonces poder destruir prejuicios y acercarse a la comunidad.

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