SECOS. POR MATTÍAS MERAGELMAN

SECOS. POR MATTÍAS MERAGELMAN
diciembre 22 07:26 2024

El año cierra con una crisis hídrica que se sabía iba a ocurrir, pero no por eso deja de ser dramática. El debate que nadie quiere dar sobre el sector productivo, los datos técnicos que explican el problema, nuestros malos hábitos de consumo y el costo político.


Los historiadores riojanos más destacados coinciden en que quienes acompañaban a don Juan Ramírez de Velasco en aquel lejano 1591 y también en los escritos de los habitantes del siglo XIX, siempre apareció la mención a que la zona elegida para fundar la nueva ciudad tenía problemas hídricos.

La misma celebración de la Chaya incluye a la harina como un elemento que reemplaza al agua presente en otros carnavales. Y de memoria podemos recitar “agua falta pa’ beberla, pero sobra pa’ Chayar”.

Desde hace varios meses el Gobierno provincial viene anunciando que el verano estaría marcado por una profunda crisis hídrica. Al momento de argumentar los motivos de esta situación, la gestión de Ricardo Quintela le apunta a una profunda sequía que lleva más de un lustro.

El informe oficial que circula en los despachos de Casa de Gobierno dice: “Hay una gran disminución de los caudales abastecidos por el acueducto de Sanagasta, siendo su valor actual un 40% respecto a su valor promedio histórico. Esta situación se da como consecuencia de una prolongada sequía que se extendió por un período de por lo menos 5 años consecutivos. La crisis hídrica provocada por la sequía también se manifiesta en que tampoco se produjeron crecientes importantes en el cauce principal del río, reduciéndose significativamente los aportes al Dique Los Sauces y con su nivel de agua en permanente descenso”.

Según ese mismo estudio, el 30% de la población de la ciudad Capital se ve afectada de manera directa por este problema, porque el 70% restante se abastece de las 55 perforaciones que tiene funcionando la empresa Aguas Riojanas en el territorio de la urbe. Puesto en números concretos: 18.870 casas deberían recibir el agua a partir de la cuenca que se origina en Huaco y eso no está ocurriendo de manera normal.

No se puede negar que existen problemas estructurales e históricos.

En ese sentido, el especialista Rubén Otonello dijo esta semana en “Riojavirtual Radio” que “somos la Provincia con menor caudal hídrico del país”.

«Este problema es novedoso pero previsible. Ante el crecimiento de la población hubo que hacer muchas perforaciones y estamos en un momento de crisis total, 220 mil personas asistidas con las perforaciones. El Dique es más barro que agua y ya cumplió su vida útil, el agua que viene desde Huaco dejó de hacer su aporte y entonces la extracción es la única alternativa. Nadie previó el crecimiento poblacional de 35.000 a 200.000 habitantes, hemos pasado a tener una población muy grande con recursos hídricos prácticamente inexistentes», graficó de manera muy clara.

Con un agravante más que impactará en el corto o mediano plazo: cada vez las perforaciones para poder encontrar el recurso hídrico son más profundas. La última perforación realizada fue de 330 metros, y ese dato marca algo que los técnicos indican como clave. “Que cada vez saquemos agua más profunda es porque la recarga de las napas es baja en comparación a lo que se extrae, sacamos más de lo que ingresa”.

Sin embargo, hay una cuota de responsabilidad que si se relaciona con la administración de esos recursos por parte de las autoridades provinciales y municipales. El crecimiento poblacional de la ciudad Capital fue caótico en materia de organización de la mancha urbana.

En ese sentido, solamente mencionar un ejemplo: en el año 2004 se presentó en el Concejo Deliberante de la Capital el proyecto de modificación del Código de urbanización y se planteó que la ciudad debía crecer hacia el Norte por una cuestión de prestación de los servicios básicos. No hace falta explicar que no fue hacia el Norte hacia dónde se desarrolló exponencialmente la ciudad en estos últimos 20 años, sino todo lo contrario.

Durante la gestión de Ricardo Quintela como Intendente y en el marco del enfrentamiento que tenía con el Gobierno provincial del momento, se llegó al ridículo de que la comuna no estaba al tanto de los barrios que se inauguraban y se enteraban por los medios de comunicación de la habilitación de un nuevo conglomerado urbano (con la consecuente falta de planificación en la llegada de los servicios básicos a esa nueva barriada).

Hay dos elementos más para poner en discusión: la falta de conciencia que tenemos los vecinos y la explotación agropecuaria.

Aunque las cifras varían en pequeños porcentajes, todos los especialistas coinciden en que cerca del 90% del agua en la Provincia es para regar los campos y solamente el 10% para consumo humano.

Un razonamiento bastante sencillo de ponderación del consumo marca que el primer debate que nos debemos dar es hasta qué punto se puede sostener en el tiempo este esquema de utilización de los recursos hídricos de los sectores productivos.

Obviamente que es un tema muy sensible, en el cual están en juego puestos de trabajo e inversiones millonarias. Pero hay una pregunta que en su sola enunciación marca lo evidente del planteo: ¿Estamos dispuestos a cortar el agua de una parte de la población capitalina pero no vamos a discutir el consumo de la matriz productiva?

El otro punto es que los riojanos no cuidamos el agua. Desde las numerosas pérdidas en la calle de “Aguas Riojanas” hasta las personas que riegan el asfalto, desde las canillas en nuestras casas que nunca arreglamos hasta el tiempo que tardamos en bañarnos o las piletas que se llenan varias veces en el año en las casas más pudientes de la ciudad. No hay dimensión social colectiva de lo que está pasando.

Una de las personas que más se ocupa y preocupa de este tema explicaba esta semana: “Tenemos un recurso agotable y nosotros tenemos un consumo de agua que no es congruente con nuestros recursos, consumimos igual que si estuviéramos al lado del Río Paraná. Tenemos que discutir el consumo humano y de la matriz productiva”.

Está claro que el cambio climático, la falta de lluvias y por ende la sequía potenciaron este drama que vivimos hoy los capitalinos. Pero la crisis tuvo en la falta de previsión del crecimiento de la ciudad un elemento central.

Cuenta el historiador Armando Bazán que Juan Ramírez de Velasco y su hijo fueron acusados de malversación de tierras públicas apenas un par de años después de fundar la ciudad. Sin embargo, que 433 años después solamente lo responsabilicemos a él y el lugar que eligió geográficamente por la crisis hídrica actual suena a simplista.   

Ganar las elecciones en La Rioja implica administrar una ciudad y una Provincia árida, con recursos hídricos limitadísimos, con un crecimiento poblacional en los últimos 40 años muy significativo y atada a los avatares de la falta de lluvias. El peronismo gobernó de manera ininterrumpida la Provincia durante los últimos 41 años y la ciudad Capital durante 37 años en las últimas cuatro décadas. Ese lapso de tiempo provoca que sea inevitable su responsabilidad política en lo que está pasando.

También se debe pensar en la cuestión del imaginario colectivo o el mensaje hacia la sociedad en estos momentos de extrema tensión. Hay acciones que quizás no se relacionan de manera directa con la baja disponibilidad de agua, pero que se vinculan con la sensibilidad social del momento. Ver que todavía hay camiones que riegan las plantas del Parque de la Ciudad, inaugurar el Parque acuático en este momento o regar las cabañas turísticas en Huaco son imágenes que caen pésimo en aquellos que abren sus canillas y no sale una gota.

El punto 6 de la Cantata riojana habla del reparto del agua y dice: “Unos pocos con el mando del agua, el resto con el turno nomás”. Duele que ese hermoso texto de nuestro cancionero popular siga siempre tan vigente.  

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