UN CAMBIO QUE ES UNA ‘VICTORIA’

UN CAMBIO QUE ES UNA ‘VICTORIA’
marzo 20 08:29 2022

La mayoría de la comunidad se opone a la modificación en el nombre de la Avenida Rivadavia. Sin embargo, más allá del momento elegido, el tema expone la necesidad de una batalla cultural que debemos dar. La pregunta que cambió mi postura sobre la controversia.


No hay ningún estudio o medición que lo confirme, pero es plausible pensar que el cuerpo de concejales de la Capital sea uno de los de más desprestigiados de la política riojana. Y esa crisis de representación no es casual: pedidos constantes y diversos de juicios políticos, denuncias judiciales de todo tipo y más de seis meses sin sesionar, hicieron que estos dos años de gestión hayan quedado atrapados en un desgaste permanente ante la sociedad.

El último hecho que parece haberlos distanciado de la comunidad que representan es cambiar el nombre a la avenida Rivadavia y reemplazarlo por el de Victoria Romero.
Sin embargo, esa decisión es acertada.

Hace muchos años Arturo Jauretche explicó el concepto de colonización pedagógica. En sus textos el escritor mencionaba la importancia de la educación en la formación civil de los ciudadanos y puntualizaba en cómo se instalan lugares comunes e ideologías foráneas que se repiten hasta el hartazgo.

Es por ello que más de 150 años después de la derrota en Pozo de Vargas, a veces parece que ahí perdimos una batalla más importante que la militar: perdimos la batalla cultural.

La agenda informativa de los medios riojanos está más atenta a los problemas de CABA que a los dramas de Ulapes, sin dejar de mencionar que muchas veces nuestras acciones culturales recién son legitimadas cuando reciben el visto bueno de los grandes centros urbanos y ni hablar de ciudadanos angustiados porque hay un corte de tránsito en la Avenida 9 de Julio (aunque se encuentren a 1.200 kilómetros del problema).

Es cierto que la ciudad está detonada, la ausencia de servicios es una constante en la mayoría de los barrios de la Capital y lo ocurrido en la “1° de marzo” fue gravísimo (y pudo ser mucho peor).
Y en ese sentido, creer que ser federal o avanzar en la igualdad de derechos con las mujeres y las diversidades es solamente cambiarle el nombre a una calle, es de una inocencia que no nos podemos permitir a esta altura de la democracia.

También es real que el departamento Capital es discriminado en el reparto de recursos de la ley de coparticipación y nos estamos volviendo una provincia macrocefálica, algo que el censo del próximo mes de mayo confirmará.

Al mismo tiempo, la actual administración comunal no pudo resolver los problemas que heredó al asumir en diciembre del 2019, y dos años después generó algunos nuevos inconvenientes por sus propias impericias de gestión.

En ese contexto, es lógico que se pueda cuestionar el oportunismo de la ordenanza y era lo que casi todos pensamos al escuchar que se aprobó. Pero la pregunta siguiente es obvia: ¿Y cuándo sí sería oportuno? Desde el año 2014 ya existen proyectos para concretar este cambio de denominación.
Inclusive, en declaraciones a “Radio Nacional” el viceintendente, Guillermo Galván, informó que en lo legal desde hace dos años la arteria ya se llama “Tinkunaco”.

Hay una crisis de representación que afecta a la clase política, a los medios de comunicación y a casi toda la clase dirigente en diferentes sectores. Y sin dudas mucho del enojo que se expresa por estas horas no es contra el proyecto en sí, sino contra quienes lo impulsaron.

Pero hay que dar la batalla cultural, entender que las provincias (entre ellas La Rioja) vienen siendo perjudicadas desde hace años por una concentración portuaria, que beneficia solamente a quienes son funcionales a un esquema económico en donde el ingreso per cápita de la ciudad de CABA (en donde no está la producción del país) es el más alto de Argentina.

Esta semana una persona muy enojada con el cambio de nombre de la avenida llevaba varios mensajes de WhatsApp explicándome lo inoportuno e innecesaria que era la decisión de los concejales. Exponía con muchos argumentos válidos y me estaba por convencer de que tenía razón: no era el momento.
Pero en el mensaje final me preguntó: “Y otra cosa: ¿Quién es Victoria Romero?”. Luego de leer su mensaje comencé a escribir este texto.

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